Los Masai de Kenia y Tanzania

¿Quienes son los masai?

De todos los pueblos africanos, los masai son uno de los más conocidos para los occidentales. Al compartir su territorio con una de las mayores expresiones de naturaleza salvaje del planeta, han tenido estrecho contacto con visitantes que van de safari por África oriental, y su vestimenta distintiva, sus armas y abalorios resultan familiares gracias a revistas y folletos de viaje. También tienen la reputación de ser bravos guerreros que mantuvieron a raya a los tratantes de esclavos y retaron a los primeros exploradores. Sin embargo, hoy han de luchar para conservar su identidad y lo que queda de su tierra.

 

Los Masai llegaron probablemente a África oriental desde el norte (hay quien dice que del Valle del Nilo) en el siglo XV a.c. Hasta el siglo XIX dominaron las verdes planicies que se extienden del Lago Victoria al este casi hasta el océano Índico, y desde las tierras altas de Nairobi al sur hasta la estepa Masai de Tanzania.


Pero a finales del siglo XIX, el cólera y las enfermedades que afectaban a su ganado casi los exterminaron, y la parte septentrional de su tierra fue ocupada por colonos europeos que firmaron tratados con la administración colonial británica. Como consecuencia de esto, hoy están confinados a un área mucho más pequeña en los distritos de Kajiado y Narok en Kenia, y Kiteto, Ngorongoro y los distritos de Simanjiro en la región de Arusha en Tanzania.

 

Los masai están divididos en unas 12 'secciones', u oloshon, que son políticamente independientes y en muchas formas culturalmente diferentes y se vinculan a territorios específicos. Por ejemplo, la sección de Kisongo se encuentra fundamentalmente en los distritos de sur de la región de Arusha en Tanzania, y Loita en el distrito Narok de Kenia. Sin embargo, los masai hablan todos una lengua común, el Maa.

¿Qué supone el ganado para los masai?

Los masai son esencialmente un pueblo ganadero; sus rebaños son un elemento central de su vida. Poseen también cabras y ovejas, y burros para el transporte. La leche es su alimento cotidiano, y en tiempos de escasez también extraen sangre del cuello de una vaca o buey (un procedimiento del que el animal pronto se recupera). Matan ganado para comer tan sólo en ocasiones especiales. Su antiguo ideal era vivir sólo de su ganado -podían comprar otros alimentos-, pero hoy necesitan también cultivar cereales y otros vegetales.

 

Trasladan a sus rebaños de un lugar a otro para encontrar fuentes de agua fresca, y para permitir que la hierba crezca de nuevo. Esto ha sido posible, tradicionalmente, por medio de un sistema de tenencia de tierras en el que todos en una localidad comparten el acceso al agua y los pastos. Sin embargo, cada individuo debe respetar las fuentes privadas de agua y los pastos donde cada unidad familiar cuida de sus animales jóvenes o enfermos.


En tiempos de sequía los masai de una localidad concreta permiten a otros, incluyendo a los grupos no-masai, entrar en sus tierras, ya que saben que en otro momento podrán ser ellos mismos quienes necesiten acceder a la tierra de otros para mantener su ganado.

La sociedad masai: Los guerreros y los ancianos

La sociedad masai se organiza en grupos de edad cuyos miembros pasan juntos de ser guerreros a ser ancianos. Todos los niños varones de la misma generación en una localidad son circuncidados y, más adelante, se convierten en guerreros a la vez.

 
En otros tiempos, los guerreros estaban a menudo en guerra; ahora se dedican más bien a guardar el ganado de los animales salvajes y a ayudar en cualquier trabajo duro o peligroso. Buena parte del tiempo, sin embargo, lo pasan acicalándose, bailando y haciendo la corte.

 
Cada 15 años más o menos, todos los miembros del par de grupos de edad apropiados de toda la tierra masai se juntan en el ritual Olng'eherr para convertirse en ancianos. Su larga cabellera les es afeitada y se les dice "Ahora que eres un anciano, deja tus armas y usa tu cabeza y tu sabiduría en su lugar".

 

Los masai no tienen jefes tradicionales, aunque cada sección tiene un Laibon o líder espiritual que la conduce. Se cree que estos hombres poseen poderes espirituales; pueden dar bendiciones, curar enfermedades y predecir el futuro. El liderazgo político dentro de cada sección lo ejercen los portavoces, elegidos por los grupos de edad de guerreros, y otros que adquieren respeto y estatus como ancianos, y se conocen como "Padres de la Vara de Fuego".

 

Aunque la sociedad masai está dominada por hombres, las mujeres desempeñan un papel muy importante en la economía cuidando del ganado. También actúan como guardianas de importantes aspectos del sistema de grados de edad y proporcionan un equilibrio de autoridad en las relaciones entre los hombres jóvenes y viejos.

 

Los masai veneran a un solo dios, Engai, quien vive en todas las cosas. Puede enviar prosperidad y alegría, en cuyo caso se llama Engai Norok, el Dios Negro; pero cuando está enfadado y envía hambruna y muerte es Engai Na-nokie, el Dios Rojo. El negro, para los masai, representa la vida y la felicidad, porque es el color de las nubes oscuras que traen la lluvia de la que depende toda vida.

 

Determinados lugares son sagrados para los masai: entre ellos, Entim e Naimina Enkiyio ("bosque del niño perdido"), Oldoinyo le Engai ("montaña de Dios") y Endoinyo Ormoruwak ("montaña de los ancianos") donde se lleva a cabo la ceremonia Olng'eherr. Hoy, sin embargo, muchos masai pertenecen a diversas iglesias cristianas.

Los masai luchan por sus tierras ancestrales

Durante el periodo colonial desde finales del siglo XIX hasta la primera mitad del XX, la tierra masai estaba dividida entre dos países, Kenia y Tanganika (después Tanzania).

 
Desde la independencia en los años 60, la mayor parte de su tierra ha sido usurpada; por granjas y ranchos privados, para proyectos gubernamentales o parques naturales. Tan sólo 6 de los parques naturales de Kenia y Tanzania abarcan más de 13.000 km2 en lo que una vez fue tierra masai.

 

Se han realizado intentos por parte de los gobiernos de "desarrollar" y "modernizar" a los masai. La justificación que utilizan es que tienen demasiado ganado para el espacio disponible. Así, se han puesto a prueba distintos planes para hacerles vender más ganado y reducir sus cabañas. Sin embargo, los estudios han demostrado que los masai son de hecho unos productores muy eficientes, más eficientes incluso que los ganaderos al estilo occidental, y rara vez poseen más animales de los que necesitan o que la tierra puede sustentar.

 
Estos esfuerzos por "desarrollarlos" han atacado también el sistema de acceso compartido a la tierra, bien por la presión de colectivos (Grupos de rancheros en Kenia y Asociaciones Pastorales en Tanzania) o, por otra parte, por la subdivisión de tierras comunales en parcelas privadas.

 
Mientras que esto ha beneficiado a los extranjeros y a unos pocos masai empresarios que han podido adquirir tierra para sí o venderla, a menudo ha esquilmado la tierra y generado pobreza para la mayor parte de los masai, a quienes les ha quedado escasa tierra y sólo la peor.

 

Los masai siguen hoy luchando por proteger las tierras que les quedan, y han formado diversas organizaciones comunitarias locales con este fin. Por ejemplo, están intentando obtener control legal de los emplazamientos sagrados de Endoinyo Ormoruwak y Entim e Naimina Enkiyio para protegerlos de la explotación comercial.

 
Quienes viven en el Área de Conservación del Ngorongoro están también intentando obtener derecho a la tierra que han habitado durante siglos, y para garantizar que obtienen una proporción justa del dinero que genera esta popular atracción turística.

Visitar un poblado masai

Resulta realmente difícil visitar una de sus aldeas tradicionales o manyattas sin pasar por taquilla. Lo normal es que los jefes de la aldea permitan el paso de extranjeros, pero siempre que estos dejen a la comunidad una cantidad que oscila entre 6 y 21 € por persona. Todas las aldeas son auténticas, es decir que la gente vive realmente en ellas al estilo tradicional: las mujeres construyen sus casas con tierra y excrementos de vaca y van a por leña, los hombres llevan a pastar al ganado y los jóvenes siguen su adiestramiento como "moran" o guerrero. Sin embargo, algunas "maniatas", las mas caras habitualmente, se han preparado para recibir visitas: bailes y canciones de miembros de la tribu engalanados con todas sus joyas para que los turistas tomen a gusto sus fotos y una visita comentada por algún joven que hable inglés –algunos ya van a la escuela- en la que les explica desde como trabaja el herrero que funde las puntas de sus lanzas al ritual de la boda o la circuncisión. Y como colofón, una sesión de la artesanía local por si alguno pica. Cuando los turistas vuelven a la carretera, la vida continúa como si nada hubiera pasado.

 

En este link puedes ver nuestra experiencia visitando un poblado masai en Tanzania.

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