Viaje a Kenia - Abril 2019

¿Porqué decidimos viajar a Kenia?

Allá por el mes de febrero del 2019, en uno de nuestros habituales encuentros entre mi hermano Alex y mi amigo Toni, decidimos, que teníamos que celebrar nuestros 50 años de una forma especial. Este año 2019, tanto Toni como yo, cumplimos medio siglo… ahí es nada… así que nos pusimos a soñar y decidimos que la mejor manera de celebrar nuestros cumpleaños, sería haciendo un viaje de safari a Kenia!!

Propusimos también a mi hermano Kike si quería apuntarse, ya que todavía estaba en su año 50, y no dudó ni un segundo en añadirse a la aventura, de esta forma el viaje se convirtió en una triple celebración.

 

Pusimos fechas. Cuando se trata de organizar un viaje, no tardo ni dos minutos en ponerme a buscar vuelos, posibilidades de rutas y programas. Kenia es un destino que tenía pendiente, pero como la teoría me la se muy bien, de haber montado muchos viajes por allí, me resultó relativamente fácil.

 

Lo peor al organizar un viaje personal es tener que renunciar a cosas, ya sea por falta de tiempo o por cualquier otra razón. En esta ocasión tuvimos que renunciar a parques como Amboseli, desde donde están las mejores vistas del Kilimanjaro, por falta de días… siempre será una buena excusa para volver a Kenia!

 

En los días posteriores, hablé con mi socio de Kenia, que ya me había invitado varias veces a conocer su país y le dije que en esta ocasión la cosa iba en serio, así que le propuse la idea de viaje que teníamos en mente y las fechas. Se puso a trabajar en las confirmaciones y en el presupuesto y en varios días me presentó una propuesta fantástica, irrechazable; la condición era que, durante nuestro viaje teníamos que inspeccionar algunos lodges de safari. Eso estaba hecho, además a mi también me interesa revisar los lodges para futuros clientes, así que me pareció perfecto.

 

Reservé los vuelos con Qatar Airways (vía Doha) y les pasé la confirmación a mis compañeros de viaje, que les pareció genial. Ya teníamos viaje a Kenia!. Nuestro sueño estaba más cerca!

 

Alex y Toni nunca habían hecho un viaje de safari, así que estaban super emocionados y aunque ellos nunca lo admitirán, también un poco cagaditos…

Kike y yo sí que llevamos algunos viajes de safari en nuestras espaldas; estuvimos juntos en Namibia en el 2014 y yo viaje a Tanzania con mi mujer en el 2012.

 

En los meses anteriores al inicio del viaje tuvimos cita con Sanidad Exterior en el Clinic para que nos asesorasen sobre las vacunas obligatorias y recomendables para viajar a Kenia. Revisamos nuestros pasaportes, tramitamos online el visado a Kenia y recopilé bibliografía sobre Kenia en mi biblioteca personal y en la librería Altaïr; “El Sueño de Africa” de Javier Reverte, imprescindible para cuando se viaja por aquella zona, una guía de animales de Africa, una guía visual de Kenia y varios monográficos de Altaïr.

 

 

Alex por su parte nos preparó un kid de viaje genial: sombrero de safari, chaleco, polo, t-shirt… todo bordado con el logo de Viajes Gorongeti y un recordatorio que dice “Kenia 50”, un bonito recuerdo de nuestra aventurilla.

 

Lo teníamos todo listo. Solo faltaba esperar a que llegara el 22 de abril 2019… y llegó!

Mapa de nuestro viaje a Kenia

Link de Google Maps con nuestro viaje a Kenia: https://bit.ly/2Uv5Vzq

Día 1. Vuelo a Nairobi

Quedamos en el aeropuerto de Barcelona pronto para tener tiempo suficiente para facturar y pasar los controles de seguridad. Volamos con Qatar Airways, haciendo una escala de 1:25 h en Doha. A penas nos dio tiempo a cotillear este aeropuerto tan moderno y espectacular. Nos metimos en el segundo avión, desde el cual pudimos contemplar los rascacielos qataries, algunos estadios casi preparados para el Mundial de Futbol del 2022, el basto desierto y el mar.

 

Llegamos a Nairobi ya de noche, sobre las 23:35h. Allí nos estaba esperando nuestro guía, que nos acompañó al primer hotel.

Recuerdo que la temperatura era muy agradable, casi fresca y que la ciudad estaba durmiendo, nadie de camino entre el aeropuerto y nuestro hotel…

Día 2. ¿Qué ver y que hacer en Nairobi en un día?

Me interesaba mucho conocer las visitas típicas de la ciudad de Nairobi, ya que muchas veces, por cuestión de horarios y conexiones, la gente ha de pasar unas horas aquí. Pronto por la mañana nos pasó a buscar nuestro guía. Se llamaba Mondia, pero no hubo manera, durante todo el viaje, de que le llamáramos por su nombre; “Bon día” o “Bon mati” era la forma más habitual por la mañana y “Bona nit” al despedirnos al final del día… Un tipo curioso, ya os iré contando cosas de él durante el artículo.

 

Nuestra primera visita fue el orfanato de elefantes de David Sheldrick, se trata de una asociación que cuida pequeños elefantes para luego reintroducirlos en su hábitat natural, en concreto, en el Parque Nacional de Tsavo. Estos pequeños elefantes son ejemplares que se han quedado huérfanos, o que están mal heridos. Aquí los curan y alimentan hasta que los elefantes están preparados para volver a su territorio.

 

Entramos en un amplio terreno acordonado con un precario alambre, en el centro del cual había varias charcas con barro muy rojizo (como el de Tsavo) y unos cuantos biberones gigantes llenos de leche. De pronto, a lo lejos, vimos como venían varios elefantes pequeños corriendo graciosamente, con las orejotas moviéndose como las de “Dumbo”… y entraron arrasando, como en una cacharrería, en el recinto rojizo. Ahí les estaban esperando los cuidadores con sus biberones gigantes. Los elefantitos se abalanzaron a ellos y empezaron a chupar del biberón como si no hubiera un mañana… se tragaron 5 litros de leche en 1 minutos, y aún querían más…

 

Empezaron a llegar más elefantes, se les veía un poco más corpulentos que los primeros. Supongo que la entrada es escalonada para que no se peleen pequeños con más mayores por la comida… Una vez que los elefantes se quedaban satisfechos y con la barriga llena, se dedicaban a jugar con el barro y cotillear entre el público. Fue fantástico ver como se peleaban amistosamente entre ellos retozando patosamente en el barro rojo. Los teníamos a tocar de mano y me pareció un ser muy extraño, pero a la vez no tan diferente de nosotros, al final, todos tenemos 4 extremidades, una cabeza y un cuerpo. Lo de las orejas y la trompa obviamente es lo que más nos diferencia a la mayoría de humanos de los plantígrados.

Me gustó la experiencia también porque se podía tocar a los elefantitos, acariciarles y rascarles. Uno de ellos me dio un empujón cariñoso que me dejó seco… pensé que si un enano como ese había asustado, como ha de ser la envestida de un ejemplar adulto cabreado…

La escena de unos 15 elefantes jugando, aparentemente felices, en aquel barrizal rojizo era muy curiosa de ver. Por megafonía iban explicando las circunstancias en las que había llegado cada elefante al centro, la mayoría se habían quedado huérfanos debido a la caza furtiva, aún existente en muchas partes de Kenia.

 

El centro también acoge a otros animales, como rinocerontes, pero no los pudimos ver, estaban en otras zonas. Me pareció una asociación muy interesante, cuya labor se parece mucho a la que lleva a cabo la Fundación “Mona” en Riudellots de la Selva, donde tratan de dar, mediante donaciones y aportaciones voluntarias, una existencia digna a chimpancés que han sido maltratados o utilizados en circos y otros espectáculos.

Seguidamente nos fuimos a visitar la casa museo de Karen Blixen, la aristócrata danesa que escribió la novela “Memorias de Africa” y en la cual se basó la famosa y oscarizada película del mismo nombre. La casa se construyó en 1912 y es un ejemplo perfecto de cómo vivían los colonos en la época del protectorado inglés en Kenia. Una casa muy familiar para mi ya que adoro la película y la recordaba perfectamente. Aquí se filmaron muchas escenas de la película. Además, en el vuelo hacia Nairobi la vi de nuevo para empezar a meterme en el viaje…

 

Esta casa se convirtió en una granja de café y aún se pueden ver por los jardines antiguas máquinas oxidadas que se utilizaban para las labores del campo. Por dentro es una mansión preciosa con salones de madera estilo inglés, nobles camastros, chimeneas, cocinas y antiguos baños. Algunos objetos y cuadros de aquella época siguen decorando las paredes y vitrinas. Está bastante bien conservada.

El jardín es amplio, con el césped bien cuidado, palmeras enormes y otras plantas tropicales que te recuerdan que estás en Africa y una planta con una flor rosa muy intenso que da color a todo este cuadro.

 

Pregunté a nuestro guía donde estaban las colinas de Ngong, donde según la novela está enterrado el amante de Karen Blixen (Meryl Streep), Denys Finch Hatton (Robert Redford) y me las señaló…

Ya era la hora (inglesa) de comer y nos llevaron a un restaurante cercano, “The Tamarind”, situado también en una casa de estilo colonial. Era una especie de club inglés, pero nosotros preferimos comer en los jardines, exuberantes y acomodados en mesas y sillas de madera. Nos gustó mucho este restaurante, por sus instalaciones y por la comida, muy recomendable. Se nos puso a llover a cantaros y tuvimos que tomarnos el café en el porche… el chaparrón duró poco.

Nuestra última visita del día en Nairobi fue el Giraffe Center, un lugar donde tratan de conservar a varios ejemplares de la jirafa de Rothschild, una especie muy amenazada, yo conté unas 6 ó 7 jirafas enormes. Se trata de un centro orientado a la educación, aquí reciben a estudiantes y público en general para concienciarles de que tenemos que cuidar y respetar a los animales. Había una especie de sala donde me imagino imparten charlas. Varios huesos enormes de jirafa servirían como apoyo a la teoría, eran realmente grandes y pesados. Nos los pusimos en la cabeza como si fuéramos unos cavernícolas…

 

La parte lúdica del centro es muy espectacular porque dispone de una atalaya elevada a la altura de las jirafas para que la gente les puedan dar de comer una especie de bolitas de alpiste, que por lo visto a las jirafas les encanta… Las jirafas están acostumbradas a la presencia humana, así que no tienen miedo de acercarse, sacar su larguísima lengua y cogerte la bolita allá donde se la pongas: en la mano, en la cabeza, en el hombro, e incluso en la boca!! Si, si, es como si te dieras un morreo con una jirafa, la foto es espectacular… se la mandé a mi mujer diciendo “Cariño, no es lo que parece…”

 

Así de cerca se aprecia bien las dimensiones que alcanza este esbelto animal. Una cabeza inmensa, un cuello interminable y un cuerpo colosal, así es una jirafa de cerca. Y bella, de una belleza extrema es la jirafa y elegante.

 

Nos divertimos mucho interactuando con las jirafas, Alex, Toni y yo agotamos las posiciones para dar de comer a los animales y Kike, más respetuoso con la Naturaleza, las disfrutaba más de lejos.

Me di cuenta de que este centro forma parte del complejo del hotel Giraffe Manor. Vi al otro lado del terreno este lujoso hotel, que en esas fechas estaba cerrado, ya me lo había advertido mi socio. Las jirafas con las que habíamos estado jugando son las mismas que se acercan al hotel por las mañanas e introducen su cuello por las ventanas del comedor para que los huéspedes les den de comer.

El día había sido intenso y divertido. Le dije a Mondia si teníamos tiempo de acercarnos al centro histórico de Nairobi, pero me dijo que eso supondría varias horas ya que la circulación es muy caótica y se forman grandes atascos en la ciudad… me hubiera gustado ver alguno de los edificios históricos como el hotel Stanley… en otra ocasión será.

 

Me gusta mucho la idea de que Nairobi es una ciudad de tan solo 120 años… La ciudad históricamente más importante de Kenia es Mombasa, en la costa. Nairobi no era más que un puesto de refresco, donde había agua, que fue creciendo a medida que la construcción de la vía férrea entre la costa y Uganda iba construyéndose.

 

Nos llevaron al hotel Sarova Panafric, donde descansamos un rato. A continuación nos vinieron a buscar para ir a cenar al popular restaurante “The Carnivore”. Es un local muy típico y turístico de la ciudad, pero está muy bien. Este local, como os podeis imaginar, no es muy recomendable para vegetarianos ni veganos, aquí se come carne a mansalva… es como un “rodiccio brasileño”, van pasando por las mesas con carne de diferentes especies comunes; pollo, ternera, cordero, pavo, cerdo. Pero también exóticas; avestruz, cocodrilo y algún antílope. Y hasta que no bajas la banderita, no dejan de ofrecerte carne. También hay menú para vegetarianos… Cenó con nosotros mi socio de Kenia, Jamleck, un tipo discreto y agradable. Nos conocimos hace muchos años en FITUR, la Feria de Turismo de Madrid y desde entonces colaboramos muy estrechamente, es una tranquilidad para mi tener a una persona tan competente en Kenia.

 

Ya con la pancha contenta, como los elefantes del Centro de David Sheldrick, nos fuimos a dormir a nuestro hotelito.

Día 2. ¿Cómo es el safari en el Parque Nacional Samburu?

Hoy iniciábamos nuestro programa de safari por Kenia. Pronto por la mañana bajamos a desayunar y puntual como un reloj suizo se presentó Mondia en la recepción del hotel, con su minivan 4x4 adaptada para los safaris, con techo abatible para poder ponernos de pie y ver todo el paisaje perfectamente. Este tipo de vehículos son los más habituales que vimos transitando por los parques nacionales, pero también se ven, menos, vehículos tipo LandCruiser 4x4, más molones y bastante más caros, claro… al comparar nuestro vehículo con estos, nos daban mucha envidia, pero al final del viaje nos dimos cuenta de que nuestra minivan había nacido para sortear el barro y moverse por terreno salvaje… otra cosa era la velocidad…

 

Kike se adjudicó la parte trasera del vehículo y de vez en cuando se le veía echando una siestecita y leyendo. Alex se puso en los asientos centrales y controlaba la neverita y las cosas de picar. Toni y yo nos pusimos en los asientos de la primera fila, con mucho espacio para estirar las piernas. Toni, desde su cómoda butaca, no hacía mas que comprar racimos de plátanos cada vez que el coche paraba y se nos acercaban los vendedores ambulantes.

 

La parte de detrás del asiento tenia un gran bolsillo donde guardaba mis guías, libretas de notas, primaticos, cámara de fotos y botella de agua. Me monté allí mi rincón. Alguna vez que Alex y Toni quisieron ocupar mi asiento me pidieron a ver si podían pasar a mi despachito… que jodíos…

 

Nos pusimos en marcha, nuestro objetivo de hoy era llegar al Parque Nacional de Samburu, hacia el norte. La jornada fue larga, unas 6 horas de carretera… pero el paisaje era bonito y en estos países, siempre se ven escenas interesantes de gente y animales deambulando por los márgenes. El paisaje era muy verde y estaba salpicado de huertos kikuyus (la etnia mayoritaria de Kenia) y sus plantaciones de maíz, piñas, cafetales, té, etc. Hicimos una parada en una especie de “área de servicio” a lo keniata. Allí Mondia se tomaba su café mientras descansaba un rato. Nosotros mientras, íbamos al lavabo y cotilleábamos la tienda de souvenir, muy bien surtida, por cierto. Debía ser medio día y hacía un calor de justicia. Mondia estaba sentado en un chamizo de chatarra con adhesivos de todos los operadores de safari keniatas que habían pasado por allí, reconocí unos cuentos.

 

Bordeamos por la izquierda los Montes Aberdares y por la derecha el célebre Monte Kenya, la segunda montaña más alta de África con 5.199 msnm. Impresionante y enigmática silueta, paramos para hacernos unas fotos con esta mítica montaña, medio volcán. Dice la leyenda que cuando Inglaterra y Alemania se repartieron la porción del Africa Oriental (lo que es hoy Kenia y Tanzania), que de siempre le había pertenecido a los masai, debió parecerles injusto que los británicos se quedaran con sus dos grandes cumbres y los germánicos con ninguna. Así, la reina Victoria conservó el Monte Kenia y optó por cederle el Kilimanjaro a su sobrino nieto, el kaiser Guillermo II. Es por eso que la ridícula línea recta que divide desde entonces Kenya y Tanzania hace en ese punto del mapa un quiebro deliberado, dejando la gran montaña africana en territorio tanzano, aunque nadie podría negar que sus mejores vistas se las quedó para siempre el parque Amboseli, en Kenya.

Tras cruzar Nanyuki, la capital de la región de Laikipia, famosa por su gran meseta repleta de grandes ranchos privados, continuamos hacia Isiolo. El paisaje cambia de nuevo y se vuelve más seco y árido, dando paso a una sabana seca donde pudimos avistar ya las primaras gacelas y cebras.

 

Nuestro Lodge estaba dentro de la reserva, así que, de camino a él, pudimos tener ya una primera toma de contacto con la fauna salvaje y pudimos ver especies como; gallinas de Guinea, Oryx, cebras de Grevy, jirafas reticuladas, impalas, gerenuks o antílopes jirafa, facoceros, avestruces… El paisaje era magnífico, vastas extensiones con enigmáticas montañas al fondo, acacias africanas repletas de nidos y palmeras candelabro gigantescas… Un verjel, vamos…

Antes de ir a nuestro Lodge quisimos visitar un poblado de la etnia de los samburus. Estos son primos hermanos de los masai. Ambas son etnias de origen nilótico, es decir, que proceden de la cuenca del río Nilo. Ambas etnias hablan el “maa”, son nómadas, y tienen muchas tradiciones en común, entre ellas la de darte la bienvenida saltando y emitiendo sonidos muy primitivos, como nos hicieron a nosotros. La verdad es que verlos en directo es intimidador y espectacular, todos ataviados con telas multicolores y sus bastones de madera (antes llevaban lanzas). Quisimos unirnos al grupo y hacer unos saltos juntos, pero la descoordinación fue total… al final acabamos todos descojonados de risa.

 

Las mujeres también se unieron a la fiesta de bienvenida. Con ellas hicimos un baile más tranquilo pero también intenso, dando vueltas y recibiendo sus collares de colores. Nos cogían de las manos y notábamos sus ásperas pieles, gastadas del duro trabajo de campo, y el olor, muy intenso a humanidad, no era desagradable, me pareció que podía ser el olor de un ser humano de serie, es decir, sin artificios.

Que mujeres tan espectaculares, que caras más auténticas y exóticas… ahí había mucha belleza; una mezcla fantástica entre su tez intensamente negra en contraste con su blanca dentadura, los ojos también oscuros y de mirada tranquila y sus increíbles y multi coloridas alhajas y telas… una maravilla.

 

Todos, Kike, Alex, Toni y yo estábamos en esos momentos bailando con mujeres samburu en un remoto poblado del norte de Kenia, aislados del mundo y de nuestras vidas rutinarias, que gozada, por eso me gusta tanto viajar… Veía la cara de emoción en ellos, era un momento intenso, un tanto violento, de aquellos que no sabes muy bien como comportarte y actuar, pero al final, te das cuenta de que por muy diferentes que seamos los samburus y nosotros, todos somos seres humanos, con culturas distintas, pero con un alma y unos sentimientos comunes.

 

La visita del poblado siguió, el que se había erigido como “jefe” nos llevó a ver la escuela o el espacio donde los niños (había un montón), aprendían algunas cosas. Nos cantaron una canción en inglés, mal cantada, pero fue muy gracioso. Los niños vestían zarrapastrosamente y estaban bastante sucios, con mocos. Claro, se pasan el día jugando y tirándose por el suelo y aquello está, como está… Les dimos unos cuentos y material escolar que habíamos traído para esa ocasión. Si les pudiese ser útiles estaría muy bien.

 

El “jefe” nos enseñó una de sus chozas por dentro. Estas cabañas están hechas de palos, estiércol de las vacas y plásticos. Dentro siempre hay fuego encendido, así que quien entra sale ahumado. Alex, diría yo que el más “tiquismiquis” de los cuatro, se tumbó en lo que nos dijeron era una cama y comentó que no estaba mal, que sería capaz de dormir allí, evidentemente nos descojonamos de él, ni de coña pasaría una noche en aquel lugar tan precario…

 

Mientras visitábamos la escuela y las chozas, las mujeres samburu habían preparado un mercadillo con sus artesanías a la salida del poblado. Pasamos por el medio mirando y observando aquellos abalorios tan bonitos. Alex se encaprichó de las pulseras de piel de elefante y compró cuatro, nos dio una a cada uno. Le gustaba porque mi tío Pepín siempre llevaba una. Toni también compró algo, además, cuando se trata de regatear, es un crack, yo creo que hasta le gusta que no haya un precio oficial en los productos. Kike y yo no somos mucho de comprar, así que mirábamos pero no consumíamos.

Finalizada la visita, nos dirigimos al Lodge. La puesta de sol nos pilló de camino y pudimos contemplar los primeros atardeceres africanos. Aún había algo de luz. El Samburu Game Lodge está inmerso en una especie de selva con enormes palmeras. A nuestra llegada empezaron a bajar de los árboles cantidad de monos, se nos acercaron, pero fueron inofensivos. Pudimos ver también, un enorme ejemplar de cocodrilo en la ribera del río donde está ubicado este Lodge. Como veis, el safari continuaba dentro del mismo Lodge… incluso cenando, como el comedor está semi abierto, vimos una jineta preciosa que se paseaba a 2 metros escasos nuestro. Y varios babuinos saltando a peso justo delante nuestro, menudas bestias!.

 

La retirada a nuestra habitación fue también un poco intensa, ya oscuro totalmente, con el frontal iluminando el caminito para no tropezarnos literalmente con el cocodrilo. Para darle más emoción, a Kike y a mi nos dieron la última cabaña del Lodge, así que podemos decir que hicimos un safari nocturno.

Día 4. Del Parque Nacional Samburu al Parque Nacional Aberdare

Hoy nos hemos levantado muy pronto, la emoción de estar alojados en un Lodge tan salvaje como este, ha hecho que saltemos de la cama bien temprano. Solo salir de nuestra habitación nos ha dado los buenos días un par de monos y un precioso calao de Decken, con su enorme pico, rebuscando en la madera de un enorme árbol muerto, en busca de insectos.

 

Mientras Kike, Alex y Toni desayunan, a mi me toca hacer la inspección del Lodge con el director. Este Samburu Game Lodge tiene una ubicación fantástica, en el margen de un río de película de Tarzán, donde seguro que a menudo se pueden ver elefantes, hipopótamos o cocodrilos.

 

Nos pusimos en marcha para hacer un nuevo “game drive” (salida de safari en inglés) en el Parque Nacional de Samburu. Éste, junto a sus vecinos Parques de Buffalo Springs y Shaba, forma la red de Parques más importante del Norte de Kenia. Se trata de una sabana “árida arbustiva”.  El ecosistema de Samburu lo marca el río Ewaso Ngiro, que en la lengua samburu significa “aguas sucias”. El río cruza esta zona seca y entorno a su ribera crece abundante vegetación, desde las clásicas acacias, a las palmeras dum, típicas de este paisaje. Por ello Samburu es un paisaje de contrastes, y es un auténtico oasis que concentra a muchísima densidad de fauna, en gran parte endémica.

Esa mañana en Samburu pudimos ver: jaurías de babuinos comiendo frutos e insectos del suelo, águilas posadas en las acacias, kobos, un macho de impala con una cornamenta enorme con su harén, cebras y jirafas. No mucho más, la verdad es que nuestra incursión en Samburu no fue muy prolifera en cuanto a buenos avistamientos de fauna, pero nos gustó conocer este parque.

 

Seguidamente nos pusimos en marcha hacia las Montañas de Aberdare. Antes de llegar a nuestro “treelodge” comimos en Nyeri Ouspan Hotel. Éste servía antiguamente de lanzadera para el Treetops Lodge. Se trata de un hotel con aromas coloniales, con instalaciones ya muy anticuadas y decrépitas. Aquí se encuentra la caseta donde Lord Rober Baden Powell fundó los “Boy Scouts”, tiene su punto anecdótico.

 

La lluvia nos sorprendió ascendiendo por la carretera de tierra rojiza que lleva al Treetops Lodge. Tuve que ser yo, el más valiente, el que abriese la verja de entrada al Lodge, bajo la lluvia y expuesto al ataque de un leopardo que saliese escopeteado de la frondosa vegetación, que aquí crece abundantemente en los márgenes de la carretera. Afortunadamente, mi aventura de 30 segundos transcurrió sin mayores problemas y pude volver al vehículo sano y salvo.

 

Al fin llegamos a nuestro “treelodge”. La primera impresión fue muy buena, este tipo de lodges son diferentes y la curiosidad hizo que en seguida nos fuéramos a investigar sus instalaciones. Se trata de un tipo de alojamiento típico de esta zona, los Montes Aberdare de Kenia. Todos cuentan con una enorme charca (“waterhole” en inglés) a la que acuden los animales a todas horas del día y de la noche para beber. Esta charca está ubicada justo en frente del Lodge, así que no tienes que moverte del propio hotel para hacer los safaris… Al hacer el check in en el Lodge, el personal nos explicó el funcionamiento de todo esto. Todas las habitaciones cuentan con una alarma que suena (si quieres), de forma diferente, según la especie que acuda a la charca. De esta manera, te puedes ir a dormir y despertarte cada vez que viene un animal. Nos dijeron que cada día se veían grandes mamíferos y que el avistamiento estaba prácticamente garantizado. Lo certificaba un libro de avistamientos que cumplimentaban los propios huéspedes del Lodge, y la verdad es que la noche prometía porque las notas indicaban una gran afluencia de especies interesantes: elefantes, rinocerontes, leopardos, etc.

En un salón del Lodge había una serie de fotos donde se podía apreciar la evolución de este tipo de lodges, allí en concreto el del Treetops Lodge. En sus orígenes, y como bien dice su nombre, estos lodges no eran más que cabañas precarias construidas en lo alto de un árbol y en frente de una charca. Esa era su esencia, me imagino a los primeros aventureros que utilizaron este sistema para poder observar a la fauna. En realidad fueron los cazadores los que inventaron este sistema para poder sorprender a sus presas y cazarlos con más facilidad.

Las fotos mostraban como las cabañas fueron siendo cada vez más grandes y complejas, hasta llegar a ser lo que son hoy en día, auténticos edificios camuflados, ya con cimientos, pero recubiertos de maderas y vegetación a modo de camuflaje.

 

La tarde era lluviosa, pero nos apetecía dar una vuelta por los alrededores del Lodge. Estuvimos negociando con el personal para poder llevar a cabo esta actividad y al final accedieron. Salimos a dar una vuelta, hicimos un safari a pie. El guía nos fue contando las especies que habitan en la zona y la verdad es que acojonaba; leopardos, hienas, búfalos, elefantes, de todo!. Íbamos caminando en fila india, sin salirnos del caminito, no vaya a ser que nos atacara algún bicho… No vimos NADA!, pero nos lo imaginamos TODO!. Como fuimos caminando rodeando por fuera la verja de seguridad, me sentí como en la película de Jurassic Park, seguro que los animales nos estuvieron observando y nosotros sin darnos cuenta… La caminata estuvo muy bien, nos hicimos fotos con los cuernos de un búfalo enorme.

Tras la caminata, nos acomodamos en la terraza más alta del Lodge. El hotel estaba vacío, solo estábamos nosotros, así que todo el espacio era nuestro. Nos pedimos una copa y nos fumamos un cigarro mientras contemplábamos la puesta de sol con el Monte Kenya de fondo y esperando la llegada de algún animal.

 

Kike y yo estuvimos hace unos años en Namibia y allí, en el Parque Nacional de Etosha son muy típicos los “waterholes” ya que aquello es un desierto y prácticamente nunca llueve, así que los animales han de acudir a estos abrevaderos para sobrevivir. Nuestra experiencia en Etosha fue increíble, el desfile de animales fue espectacular; elefantes, leones, jirafas, facoceros, búfalos, etc. Así que nos imaginamos que aquí sería algo similar…

 

Seguía lloviendo, cada vez más… vimos unos búfalos y unos patos por allí, pero de momento nada más… estuvimos charlando y disfrutando de aquel lugar varias horas, la noche se cerraba y aún no habíamos visto nada. Finalmente decidimos irnos a dormir y activar la alarma por si había algún avistamiento interesante… aquella noche dormimos de un tirón, lo que significa que no acudió ningún animal a la charca del Treetops Lodge… La lluvia molesta tanto a seres humanos como a animales, además, cuando hay agua por todas partes, los animales no tienen necesidad de acudir a las charcas. No tuvimos suerte en nuestro “treelodge”, pero de eso trata un safari, a veces se ven y muchas otras no se ven, en fin, el viaje solo había empezado y aún nos quedaban muchos días por delante.

Día 5. De Aberdare al Parque Nacional del Lago Nakuru pasando por las Cataratas Thompson

Por la mañana había dejado de llover, el ambiente era fresco y húmedo, pero ni rastro de animales. El propio personal del Lodge estaba sorprendido de que no hubiera acudido ningún animal aquella noche a la charca, el libro de visitas, después de mucho tiempo, se quedaba prácticamente en blanco. Apunté 2 patos, una manada de búfalos y un par de kobos de agua que se habían dejado ver justo antes de irnos.

 

Seguidamente nos fuimos a visitar el otro popular “treelodge” de Aberdare, el The Ark Lodge. El camino entre los lodges era de tierra muy rojiza y debido a las lluvias estaba muy embarrado, pero nuestra minivan 4x4 se comportó de maravilla y a pesar de lo dificultoso del terreno, llegamos perfectamente, también gracias a la pericia de Mondia, claro!. En el corto trayecto de unos 40 min. pudimos ver en el margen de la carretera un jabalí salvaje con unos colmillos enormes, una hiena solitaria, búfalos asomando su cornamenta entre la frondosidad, manadas de babuinos en medio de la carretera y águilas en abundancia. Estaba claro que en aquellos verdes montes había fauna a mansalva…

The Ark es famoso porque allí la reina Isabel de Inglaterra entró como princesa (estaba en su luna de miel) y salió como reina, ya que durante su estancia allí, murió su padre, el rey Jorge VI. Es una casualidad que ha resultado ser una campaña publicitaria gratuita desde hace 40 años para este precioso Lodge.

 

A la entrada del Lodge estaba lleno de babuinos, algunos de ellos machos enormes que nos observaban con cara de malas pulgas.

 

En esta ocasión hicimos la inspección del Lodge los 4. The Ark nos encantó, es un Lodge con mucho encanto, pequeño, muy acogedor, lleno de terrazas y miradores y todo orientado a la charca, que parece esté dentro del propio Lodge… seguro que aquí, ayer noche hubiéramos visto algo más que en el Treelodge … esa mañana había una manada enorme de búfalos pastando tranquilamente por allí.

Continuamos nuestro viaje, el próximo destino era el Parque Nacional del Lago Nakuru.

 

Mondia paró a medio camino para tomarse un café y descansar un cuarto de hora. Lo hizo en un punto donde se anunciaba que estábamos justo en la línea del Ecuador. Y así era, podíamos decir sin temor a equivocarnos que teníamos una pierna en el Hemisferio Norte y otra pierna en el Hemisferio Sur. Nos lo certificó un hombre, que con un barreño lleno de agua y una cerilla, nos demostró como allí se producía el “efecto de Coriolis”. Puso el barreño en un punto del hemisferio norte y lo agitó de forma que el agua se movió hacia la izquierda, como las agujas del reloj. Seguidamente, se desplazó un poco, hasta un punto donde teóricamente era el Hemisferio sur y haciendo lo mismo con el cubo de agua, ésta giro hacia la derecha. Colocaba la cerilla encima del agua, para que se pudiera ver más claramente el movimiento del agua. Finalmente se puso en medio, es decir, en la teórica línea del Ecuador y puso la cerilla en el agua para demostrar que no se movía ni para un lado ni para otro. Curioso todo este tema.

En ruta, antes de la ciudad de Niahuhuru, paramos para visitar las Thompson Falls, unas cataratas espectaculares, famosas porque allí se filmaron hace 50 años algunas de las películas de Tarzán de Johnny Weissmuller. Llevan el nombre del primer hombre blanco en cruzar el territorio masai. Obviamente nos hicimos las pertinentes fotos y videos imitando el alarido de aquel salvaje con taparrabos… El paraje era muy bonito y las cataratas altísimas, de las cuales caía abundante agua. Había en los pequeños miradores varios tíos disfrazados, no se muy bien de que, eran como masais cutres, pero a Toni le hicieron gracia y se hizo fotos con ellos. Kike y Alex también posaros al estilo “seductor”.

 

Al salir del recinto de las cataratas, vimos un grupo de estudiantes, todos con uniforme y rapados al cero. Reminiscencias de la colonización inglesa, pensé. Lo que no me explico es lo de ir calvos…

Continuamos hacia el Lago Nakuru. Llegamos a primera hora de la tarde e ingresamos directamente en el parque. En la recepción, mientras Mondia pagaba las tasas de conservación, nos distrajimos con una familia con niños pequeños, que también estaban de safari. Nos sorprendió que hicieran ese viaje con niños tan pequeños, por aquello de la malaria y las enfermedades que aquí se pueden contraer, pero dedujimos, por el tipo de coche y como iban preparados, que los padres debían trabajar en Nairobi y habían ido a Nakuru a pasar el fin de semana.

 

Entramos en el parque, hubieron varias cosas que me sorprendieron a primera vista; una que el parque estaba vallado y la otra, el aspecto fantasmagórico del primer bosque que nos encontramos.

 

La razón por la que el parque está vallado, es porque el Lago Nakuru es un santuario de rinocerontes, tanto del blanco como del negro. Aquí habita una gran densidad de ambas especies y para salvaguardarles, decidieron vallar todo el lago.

 

Y en cuanto al bosque fantasma, nos explicó Mondia que el lago no tiene ninguna fuente de agua natural, es decir, el nivel del agua dependerá directamente de las lluvias. Si llueve se llenará más o menos, pero si no llueve, se puede llegar a secar por completo, como ha habido años que ha sucedido… En los últimos años parece ser que ha llovido bastante y el nivel de agua había inundado ese bosque, con lo que los árboles se habían muerto. El aspecto, como os comentaba era de “fin del mundo”, con todos los troncos medio caídos, surgiendo de las aguas como pidiendo ayuda, era una imagen dantesca…

Iniciamos el game drive con el techo del vehículo levantado, con muchas ganas de ver animales, y empezó el desfile; cebras, búfalos, impalas, facoceros, babuinos, un esqueleto de búfalo, tortugas terrestres enormes, que bonitas, me encantan las tortugas!.

 

Mondia nos llevó a lo alto de un escarpado, al “Acantilado de los Babuinos”, desde donde hay unas vistas fantásticas de este precioso lago sulfuroso, que forma parte de la gran falla del Rift Valley, la que está partiendo el continente africano.

 

Nos dijeron que por los bosques del Lago Nakuru habitan muchos leopardos y que era relativamente fácil avistarlos, pero nosotros no lo vimos, se trata del felino más esquivo de Africa, así que quien lo vea, se puede considerar un afortunado. Bajamos del coche para hacer unas fotos de las magníficas panorámicas, mirando a cada lado para no vernos sorprendidos por ningún animal… Se veían varias zonas lejanas del lago donde estaba lloviendo. La luz en aquel momento era muy bonita, contrastada y sin la luz del sol quemando la imagen.

 

Bajamos de nuevo al “loop” de safari y atravesamos grandes bosques de acacias de la “fiebre amarilla”. Esta se llama así porque los antiguos exploradores relacionaban erróneamente este árbol de corteza amarilla, con la enfermedad. En realidad, lo que provocaba la afección era el mosquito que habita en ellos.

 

Al fin pudimos avistar un par de rinocerontes. Se trataba de dos magníficos ejemplares de rinoceronte blanco ya que tenían el morro ancho y comían del suelo. Se distinguen del rinoceronte negro porque este es más pequeño, más agresivo y tímido, cuesta más verlo, y a nivel morfológico, tiene el morro en forma de pico y come ramas de los arbustos y pequeños árboles. Qué maravilla de animales, su aspecto agresivo, con el cuerno puntiagudo (de pelo) da miedo, pero en realidad es muy pacifico, es como una vaca que se pasa el día pastando… Lo que si hace, Kike y yo somos testigos, es asustar cuando se le molesta y os aseguro que ver a un rinoceronte venir corriendo directamente hacia tu coche, acojona. Suerte que solo son avisos y al final frena o cambia de dirección…

Continuamos nuestro safari, vimos jirafas y por fin! Leones!!. Estaba lloviendo, así que los leones se mantenían quietos bajo unos árboles. La distancia era considerable, tuvimos que utilizar los prismáticos para verlos mejor. Había varias hembras con algún cachorro. Que bonitos… una de las hembras llevaba un collarín, me imagino que el parque las debe controlar y realizar estudios. Esto es muy habitual en los parques africanos para tratar de conservar mejor a los animales.

 

Estuvimos un rato observándolos. Se acumularon unos cuantos coches allí, todos maniobrando entre el barro para colocarse de manera que los viajeros pudieran tener una buena perspectiva de la escena. ¿Qué deben pensar los leones al vernos allá amontonados, cámara en mano…?

 

El game drive por el Lago Nakuru estaba siendo muy fructífero, continuamos nuestra ruta, vimos chacales, manadas inmensas de búfalos en movimiento, hasta tuvimos que parar para dejar pasar a estos inmensos animales, que se desplazaban al trote para no perder la protección del grupo.

 

Llegamos a la orilla del lago Nakuru, queríamos ver los famosos flamencos rosas. Había unos cuantos, pero no los suficientes como para que el lago se viera de color rosa. Los flamencos van y vienen. Se desplazan entre los muchos lagos sulfurosos que forman parte del Rift Valley. Aquí en Kenia, cerca del Nakuru podemos ver el Lago Baringo, el Lago Bogoria, el Lago Elementaita. Y ya más alejado, el lago Magadi. En Tanzania; el Lago Natron y el Lago Manyara. Los flamencos se distribuyen entre todos estos lagos y cuando coinciden la mayoría en uno solo lago, suele ser en época de apareamiento, la imagen es fantástica. Aquí se encuentran las mayores concentraciones de flamencos rosas del mundo.

 

Estos flamencos son de color rosa debido a los carotenoides presentes en su dieta. Los flamencos comen crustáceos y algas y estos les transmiten ese pigmento, que se acumula en sus plumas, dándoles ese color tan bonito. En el momento en que nosotros estuvimos allí, había muchos flamencos, pero no demasiados. Estaban tranquilamente hurgando el fango con su poderoso pico, en busca de comida. Algunos descansando sobre una sola pata, la otra encogida, que posición tan flamenca!. Había otras especies de aves, como pelicanos y el horrendo marabú africano, un ave que da hasta miedo, con esa papada y ese pico que parece una espada.

 

Seguimos nuestro itinerario alrededor del lago, la carretera transcurría por entre bosques de enormes acacias amarillas. Había flamencos a lo largo de casi toda la ribera del lago, eran grupos no muy numerosos. Y de repente, otro rinoceronte! Un ejemplar solitario pastando ricamente en un prado, con su enorme cuerno como reclamo para todo aquel que pudiera tener malas intenciones. Este ejemplar de rinoceronte fue nuestra despedida del Lago Nakuru, habíamos dado la vuelta casi completa al lago. No me pareció muy grande, en 3-4 horas se puede hacer un buen safari en este precioso lago.

Nos dirigimos a nuestro alojamiento, el Sarova Lion Hill Lodge, un Lodge fantástico, situado en las faldas de la montaña, con vistas al Lago Nakuru. Las habitaciones preciosas. Esa tarde hicieron un espectáculo de música y danza africana, muy orientado a turistas, pero divertido y ameno. El buffet de este Lodge era fantástico, disfrutamos mucho cenando y comentando los avistamientos que la naturaleza nos había ofrecido aquel día. 

Día 6. Lago Nakuru - Trek del volcán Longonot - Parque Nacional Lago Naivasha

Hoy era un día muy esperado para nosotros, íbamos a escalar un volcán, se trataba de la “aventura” del viaje. A los cuatro nos encanta la montaña y hacemos excursiones habitualmente. Ya hemos coronado todos los tresmiles de la Cerdanya, ahora tocaba un reto internacional y que mejor que el volcán Longonot, un pequeño Ngorongoro en plena falla del Rift Valley!!. Su nombre se deriva de la palabra Maasai Oloonong'ot, que significa "montañas de muchos espolones" o "crestas empinadas".

 

Después del desayuno nos pusimos en marcha hacia el Lago Naivasha, donde se sitúa este volcán. El trayecto entre el Lago Nakuru y el Lago Naivasha dura aproximadamente una hora. Cuando ya estábamos cerca, pudimos ver la silueta del volcán Longonot. Es un cono casi perfecto, no se aprecia del todo bien desde tierra, pero las fotografías aéreas así lo muestran. La montaña tiene varios conos parásitos y erupciones de lava efusivas que ocurrieron en los flancos y dentro de la caldera. Un cono satélite bien conservado se puede ver en el flanco noreste. Me encantó ver este precioso volcán, ahora tocaba subirlo!

 

Me había informado bien acerca de esta excursión. Sabía que no era peligrosa y que tampoco tenía ninguna dificultad técnica. Es una excursión muy bonita de unas dos horas de subida y una y media de bajada. La dificultad está en el desnivel acumulado y cuando el terreno está embarrado, entonces cuesta un poco subirlo.

 

A medida que nos acercábamos al volcán, el color de la tierra se oscurecía hasta que se convirtió en una pista de pura lava. Llegamos a la puerta de entrada del parque. Hay un arco muy grande y una oficina de recepción donde se ha de pagar las tasas de conservación y donde te has de registrar. También hay muchos chicos que se ofrecen por poco dinero a hacerte de guía. Mondia en esta ocasión se iba a quedar en el coche, era un tipo fuertote, pero lo de cansarse más de la cuenta no parecía motivarle. Finalmente decidimos contratar a un chaval para que nos guiase hasta la cumbre, total, nos pidió 20 dólares entre los cuatro… Cogimos un palo cada uno y nos pusimos a caminar. Nos habían advertido que a veces se ven animales por el camino, búfalos, facoceros, serpientes, e incluso leopardos… estos felinos están por todas partes, pero nosotros nunca los vemos!

El sendero tiraba para arriba con intensidad, cogimos un buen ritmo ya que nuestro guía le daba caña. Nos sorprendió la cantidad de gente local que había haciéndo esta excursión. Parecían grupos de jóvenes estudiantes. Mientras nosotros íbamos super preparados con calzado, pantalones y camisa montañera, chubasquero, mochila y palos, ellos iban en traje de baño, camisetas surferas e incluso con chanclas… iban haciendo mucho cachondeo, los chicos vacilando con las chicas… siempre que nos cruzábamos con alguno de ellos se mostraban muy simpáticos, saludando e incluso las chicas ruborizándose con nuestras miradas occidentales.

 

El terreno estaba húmedo, pero no embarrado, por suerte. Hicimos un alto en el camino en una especie de refugio. Yo estaba asfixiado, la subida era intensa, el calor sofocante y la altura nada desdeñable, debíamos estar a unos 2.300 msnm. Kike, Alex y Toni estaban perfectamente, muy animados. Continuamos nuestra ascensión y en poco menos de 2 horas llegamos a la cima, a 2.560 msnm. Habíamos coronado el volcán Longonot!!!

Desde aquí arriba pudimos ver el interior de la caldera, una caldera perfectamente redonda, de aproximadamente 7 kilómetros de diámetro. Al fondo de la caldera hay un bosque de matorrales y árboles. Es de difícil acceso, así que debe haber pocos animales. Las paredes del cráter también están cubiertas de vegetación. Nos comentaron que hay un sendero que da la vuelta a toda la caldera, de 7 km, pero nosotros no lo hicimos porque íbamos justos de tiempo. Las vistas eran increíbles, se veía perfectamente todo el Lago Naivasha y el Parque Nacional Hell’s Gate. Qué maravilla de panorámicas y que excursión tan bonita, súper recomendable!

 

Había leído que hacía varios años, allá por el 2007, se había detectado actividad en el volcán y habían prohibido las excursiones, por lo visto, se ha demostrado la presencia de sistemas magmáticos activos debajo del volcán, así que a pesar de que la última erupción fue hace 21.000 años, en cualquier momento esto puede petar…

 

Nos estuvimos haciendo fotos desde todas las perspectivas. El guía nos hizo varias saltando y haciendo el imbécil, nos encanta, somos como niños… invitamos al guía a que saliera en las fotos con nosotros, era un chico simpático y se le veía deportista. Me hubiera quedado más tiempo, pero tuvimos que emprender la bajada. Vimos desde lo alto un búfalo por la ladera de la montaña, suerte que no estaba, en aquellos momentos, en nuestra ruta de bajada.

 

Tardamos poco más de una hora en bajar, seguía subiendo gente. Estábamos eufóricos de haber hecho con éxito esta excursión. Fuimos a los lavabos del parque nacional… madre mía que cosa más asquerosa y que olor, mejor dicho, hedor, desprendía aquello… Nos reencontramos con Mondia y nos llevó al Naivasha Simba Lodge.

Este fue el Lodge que más nos gustó del viaje, es impresionante porque las habitaciones están orientadas al jardín. Un jardín que podía ser un parque zoológico… había pastando por allí rebaños de cebras y cobos de agua, sí, sí, a tiro de piedra, en el propio jardín del Lodge… así que corrías las persianas y ya estabas haciendo un safari.

 

Hoy se nos echaba el tiempo encima y no pudimos disfrutar de estar tranquilamente disfrutando de este maravilloso Lodge. Mondia nos apremiaba porque esta tarde teníamos que ir al Lago Naivasha de safari.

 

Nos pusimos en marcha y en un corto trayecto llegamos a Crescent Island. Esta es una media luna de tierra que se mete en el lago Naivasha. El terreno es húmedo y se nota que cuando el nivel del agua del lago crece, toda esta tierra queda inundada. Solo llegar nos encontramos con cebras pastando, la escena era idílica, de postal. Nos dieron unos chalecos salvavidas naranjas y nos embarcamos en una barca a motor conducida por un joven descalzo, con un gorro de lana, que calor me daba… El lago Naivasha es un lago de agua dulce, y está infestado de hipopótamos, peces y aves de todo tipo.

Empezó nuestro safari en barca, vimos águilas posadas en lo alto de un tronco muerto, águilas calvas, con el cuello blanco, enormes pelicanos volando a ras del agua, ibis, garzas, cormoranes, esto es un paraíso ornitológico. Y de repente vimos un grupo de pescadores metidos en el agua, en una zona poco profunda, el agua les llegaba hasta el pecho y estaban tirando las redes. Pero también vimos no muy lejos de ellos los primeros hipopótamos!!. Asomaban perezosamente sus cabecitas para respirar, madre mía la que se podía armar allí… que peligro corrían esos pescadores, supongo que eran conscientes y que esa debe ser su rutina, pero no olvidemos que los hipopótamos son uno de los animales más agresivos y peligrosos de Africa. De hecho creo que son los mamíferos que más muertes causan en el continente africano. Es una especie vegetariana, no come carne, pero es muy agresiva con otros animales y con el ser humano. Mata por matar, no para comer.

 

Los pescadores, nos fijamos, estaban bastante alerta y miraban constantemente a su alrededor, supongo que vigilando que no se acercase ningún hipopótamo. Debe haber bastantes ataques por aquí, me imagino.

 

Jirafas en las riberas del lago, las playas que se formaban aquí estaban cubiertas de césped y éstas pastaban tranquilamente. El Lago Naivasha me pareció el “Jardín del Eden”.

En un rincón del lago vimos una familia kenyata haciendo un picnic y pescando desde la orilla. Justo en frente, sumergidos en las aguas había otra familia de hipopótamos, entre ellos uno de corta edad, que se subía a las espaldas de su madre. Los hipopótamos se hundían y al cabo de un rato salían para respirar, pero no salían en el mismo sitio, se movían por debajo del agua, así que son difíciles de controlar.

El cielo estaba muy nublado en el horizonte, con nubes muy esponjosas y blancas, en los claros se vislumbraba un cielo de color azul intenso, estaba preciosa aquella tarde. Vimos el volcán Longonot, desde aquí la panorámica es fantástica.

 

En el centro del lago hay unos islotes pequeños donde han crecido unos árboles inmensos y en ellos, colonias de miles y miles de aves, cero que son cormoranes, aquello parece el metro de Nueva York en hora punta.

 

Ya de retirada a tierra firme vimos un hipopótamo solitario merodeando muy cerca de unos pescadores. Les dimos el aviso para que estuvieran alerta y nos lo agradecieron, espero que aquellos jóvenes sigan vivos…

 

A todo esto, el motor de nuestra pequeña barca falló en múltiples ocasiones. Ya nos veíamos nadando entre hipopótamos a lo Tarzán, pero finalmente pudimos desembarcar sanos y salvos.

Seguidamente al safari en barca nos fuimos caminando por Crescent Island, entre los rebaños de cebras, ñues y kobos de agua. Están acostumbrados a la presencia humana porque nos acercamos considerablemente y no se asustaron.

 

Vimos por allí un grupo de jóvenes pescadores que llevaban una bolsa. Les pregunté si era su pesca y nos la enseñaron; habían capturado unas cuantas carpas de buen tamaño.

 

Aquí en Crescent Island es posible hacer safaris a pie porque no hay depredadores. Los animales aquí pastan a sus anchas y ninguna de las especies que se ven por aquí son peligrosas, excepto el mencionado hipopótamo. Vimos una jirafa de corta edad, debía tener un año, vigilada de cerca por su madre, un magnífico ejemplar de jirafa de Rochtild. Estaban comiendo hojas de las acacias, era tan bonita aquella jirafita… de vez en cuando se ponía a correr, se le veía aún un poco patosa. La teníamos a tiro de piedra.

 

Hubo un momento en que nos sentamos en un tronco para observar toda aquella actividad y las jirafas se nos acercaron peligrosamente. La madre era inmensa, tengo fotos que no cabe en la pantalla de lo cerca que las teníamos. Los cuatro estábamos un poco acojonados ya que una coz de jirafa puede hacer mucho daño. Se dieron media vuelta trotando, al ralentí parece que se muevan las jirafas, que escenas más bonitas estábamos presenciando. Volvieron a acercarse a nosotros, estábamos flipando… de repente Mondia nos dijo que estábamos situados justo en medio de su ruta. Las jirafas querían pasar por donde nosotros estábamos y nos estaban avisando… nos apartamos y pasaron ambas jirafas tranquilamente. Lo siento, no hablamos jirafo…

 

Estaba ya anocheciendo y con mucha pena nos despedimos del Lago Naivasha, nos había enamorado aquel lugar.

Llegamos al Naivasha Simba Lodge y nos recibió el director. Un tipo hindú que nos trató como auténticos VIP. Nos invitó a una cerveza Tusker, unos frutos secos picantes exquisitos y una botella de vino para cenar. Además el hombre estuvo charrando un rato con nosotros y nos explicó que de noche los hipopótamos salían del agua y se ponían a pastar por el césped del jardín… madre mía, teníamos al enemigo en casa. Suerte que las habitaciones de este Lodge son de obra y están perfectamente acondicionadas.

 

Nos dijo también que podíamos ir a verlos, acompañados por personal del Lodge armados, eso si, antes de irnos a dormir. Y lo hicimos. Fue un safari nocturno, nos acercamos con linternas y atravesando el jardín del Lodge hasta las playas del lago, vimos varios hipopótamos merodeando por allí, daba mucha impresión. Podría salir un hipopótamo de cualquier lado y chafarnos con su enorme mandíbula. Regresamos a la seguridad de nuestras habitaciones y nos fuimos a dormir plácidamente.

Día 7. Del Lago Naivasha a la Reserva Nacional de Masai Mara

Esta mañana, Alex y Toni se han levantado muy pronto y han ido a las mismas playas que fuimos anoche para ver si veían animales. Se han encontrado con jirafas, cebras, kobos, etc. Dicen que ha sido precioso ver el amanecer con todos aquellos animales por allí. Nos despedimos del que posiblemente haya sido el mejor Lodge del viaje. Nuestra estancia aquí nos ha dejado muy buen sabor de boca.

 

Hoy nos ponemos en marcha hacia el mítico Masai Mara. Tenemos por delante un largo camino. Aquí en Kenia, las distancias entre los parques nacionales son mucho más largas que en Tanzania. Allí, los cuatro parques nacionales del norte; Lago Manyara, Cráter de Ngorongoro, Serengeti y Tarangire, están prácticamente a tocar entre ellos y las distancias son cortas, por eso mucha gente prefiere viajar a Tanzania.

 

No es que hayan muchos kilómetros de distancia, pero la conducción es lenta. Por estas carreteras keniatas conducen muchos camiones pesados y hay mucha vida en los márgenes, así que se conduce despacio, sin prisas y los trayectos se hacen eternos…

 

Hacemos una parada en Narok, una población que queda a medio camino. Aquí Mondia se toma su café y descansa un poco. Mientras nosotros aprovechamos para miccionar en los lavabos de las tiendas de souvenirs y claro, tenemos que pasar por el medio de todo el producto. Estas tiendas están muy orientadas a los turistas. Son tiendas cutres, de latón y tela, pero son enormes y cuentan con una variedad de productos increíbles… desde tallas africanas enormes, casi de tamaño natural, a miniaturas, collares, pendientes, todo tipo de abalorios masais, telas y mantos masai, figuras de alabastro y otros minerales, mascaras, café, en fin, miles de cosas.

 

A mi me estresan estas tiendas, nunca sé que comprar y no me gusta el regateo. A Toni todo lo contrario, es un experto y duro negociador, y ya ha empezado a adquirir recuerdos. Ya ha tenido sus primeros encontronazos fruto de la diferencia entre lo que le piden y lo que ofrece, no se corta un pelo. Alex, por su parte, lo compraría todo, pero se controla y va tanteando precios. Le molesta mucho que le pidan de entrada un dineral por cualquier tontería y su primera reacción es mandarlos a freír espárragos… A Kike le importan muy poco todas estas baratijas, se vuelve al coche a leer el libro que le recomendé “El Sueño de Africa” de Javier Reverte.

Al fin llegamos a Masai Mara, el gran parque nacional de Kenia. Mondia nos lleva directamente al Mara Simba Lodge, donde hacemos el check-in y comemos. El restaurante de este Lodge está sobre una curva de río que parece de reportaje de National Geographic, seguro que se ven cocodrilos a menudo por aquí. Después de comer Alex, Toni y yo nos pegamos un baño rapido en la piscina del Lodge. Es nuestro primer baño en Kenia. Hace un calor muy intenso y nos sienta de maravilla.

 

Seguidamente nos dirigimos al parque para hacer un game drive por la tarde. Kike decidió quedarse en el Lodge, no se encontraba muy fino y prefirió descansar. Llevábamos ya unos cuantos días probando comida con salsas, especias y bacterias que nuestro organismo no está acostumbrado y empezábamos a tener algunos problemillas estomacales… Toni no, es inmune a cualquier bacteria, él lo prueba todo y repite hasta 4 veces las sopas y caldos que nos daban…

 

Al llegar a la entrada del parque, nos encontramos con un numeroso grupo de mujeres masai que nos asaltan el coche… Mientras Mondia va a pagar las tasas de conservación, las mujeres masai nos introducen sus largos y arrugados brazos llenos de abalorios para tratar de vendernos algo. Se muestran muy insistentes y pesadas, se nota que es temporada baja y que hace tiempo que no venden mucho… Estuvimos un buen rato esperando a Mondia y tuvimos la oportunidad de observar a aquellas mujeres. Los masai, como ya os conté anteriormente, es una etnia nilótica, es decir, que bajaron de la cuenca del Nilo hasta estas tierras. Son tradicionalmente guerreros y nómadas. Se desplazaban en busca de pastos para sus rebaños. Hoy en día, ya han dejado de guerrear y por lo visto se han puesto a vender de forma agresiva… No les reprocho nada, todo el mundo tiene derecho a sumarse al carro de la evolución.

 

Estas mujeres parecían de mediana edad, yo diría que rondaban los 50 tacos, como nosotros. Mostraban un aspecto muy racial, es decir, tenían rasgos muy masai, era muy negras y todas calvas. Vestían bonitas y coloridas telas rojas y verdes y algunas tenían las orejas deformadas por los abalorios que portaban.

 

Hay una leyenda que me gusta mucho que dice que hasta estas latitudes llegaron algunas expediciones de los antiguos romanos. Lo demuestra el hecho de que los masai vistan telas con estampados que recuerdan a los de los romanos, a mi me lo parece totalmente y me gusta imaginarme a aquellos destacamentos luchando con los leones.

 

Toni estaba encantado de negociar con aquellas mujeres, tenía la ventanilla abierta de par en par y se le veía disfrutar con aquella situación. Yo, tras un rato con la ventana abierta y con 3 brazos encima de mi regazo dándome toques para que me fijara en los collarcitos, decidí cerrarla para no dar falsas esperanzas a las masai.

 

Al fin llegó Mondia y pudimos ingresar en el parque. Nos fuimos directamente a hacer una breve inspección al Mara Leisure Camp. A continuación, salimos de safari por el Masai Mara.

El Masai Mara es el mismo parque que el Serengeti en Tanzania. Solo que en la parte keniata lo llaman Masai Mara y en la parte tanzana lo llaman Serengeti. En realidad Masai Mara es tan solo el 15% del total del espacio del ecosistema de Serengeti. Es, eso si, la parte más húmeda debido a que por aquí transcurren dos grandes ríos, el Mara y el Talek. En la época seca de la región, entre julio y octubre, las grandes manadas migratorias vienen a Masai Mara a veranear y esas fechas es cuando se pueden ver los pasos de río de los ñues y las cebras, con los cocodrilos acechándoles.

 

Empezamos a ver animales; cantidad de jirafas a la entrada, topis, ñues, kobos de agua, impalas, parejas de facoceros, enormes elands, unas águilas enormes desgarrando una presa en su nido…

 

Nos maravillaba la inmensidad de todo aquello, el cielo con aquellas nubes tan bonitas, tan blancas y con los rayos del sol apareciendo desordenadamente por los huecos que dejaban las formaciones nubosas. Podíamos ver varias zonas donde estaba lloviendo, a lo lejos… No tenemos nada igual por Europa, ningún espacio abierto sin montañas que interrumpan el paisaje, eso es lo que hace especial estos paisajes africanos, la tierra sin fin…

 

De pronto vimos unos cuantos coches amontonados, eso significa un buen avistamiento. En efecto, era un grupo de 5 guepardos jóvenes, que maravilla!. El guepardo es uno de mis animales preferidos. Lo encuentro tan elegante y a la vez tan salvaje… Es el animal terrestre más rápido de nuestro planeta, su fisonomía ha evolucionado para poder correr y cazar a sus presas en las grandes llanuras, como en la que nos encontrábamos aquella tarde.

 

Los 5 ejemplares estaban merodeando por allí, como se acercaba la puesta de sol me imagino que estarían buscando un lugar para pasar la noche, pero mientras se movían iban levantando la cabeza, controlando todo su entorno. A nosotros no nos hacían ni caso, saben que no somos una amenaza para ellos y que en breve desapareceremos de allí, así que nos ignoran por completo. Mientras los vehículos iban desapareciendo, Mondia hizo un movimiento que resultó fantástico. Rodeó a los guepardos y se sitúo justo delante de donde se dirigían. Nos encontramos de frente a los 5 jóvenes y estábamos solos!. Pudimos disfrutar de la escena un buen rato. Los guepardos se acomodaron en unos matorrales y nos mostraron todo tipo de muecas y algún bostezo, dejando ver sus terribles colmillos. El sol se estaba poniendo, la luz se atenuaba, lo que embellecía aún más aquel momento.

Nos despedimos de los 5 magníficos y ya de regreso al Lodge, nos encontramos con una manada de elefantes pastando entre la vegetación. Había unos 10 elefantes desperdigados, algunos pequeños, casi no se les veía porque la hierba era muy alta. Se movían con parsimonia, aquellos enormes cuerpos se balanceaban tranquilamente, arrancando manojos de hierba y llevándoselos a la boca con la trompa. No tenían nada más que hacer que comer. Nuestro coche se situó de forma que veíamos a los elefantes con la puesta de sol detrás, lo que nos mostraba la silueta de los elefantes a contraluz, con los puntiagudos cuernos, la trompa y las orejas sobresaliendo, la silueta de las acacias solitarias y el horizonte explosionando en tonos azules, amarillos, naranjas, blancos, etc. Fue, que yo recuerde, la puesta de sol más bonita que he visto en mi vida.

 

Esta es una de las imágenes que se me ha quedado grabada en mi memoria del viaje a Kenia, las puestas de sol en Masai Mara. Los colores, las nubes, la inmensidad, la explosión de luz y oscuridad… tendré que publicaros alguna foto porque mediante palabras es difícil de entender.

Otra de las cosas que nos sorprendió mucho es que mientras por un lado del globo terráqueo se pone el sol, por el lado contrario sale de nuevo, simultáneamente!! Mondia nos explicó que esto ocurre porque Kenia está situado justo en la línea del Ecuador.

 

De camino al Lodge pudimos disfrutar de aquella maravilla de la naturaleza, con la capota del coche levantada, con la fresca brisa acariciando nuestras cabezas y despeinando nuestros cabellos, que mágicos momentos…

 

Al llegar al Lodge fuimos a ver como se encontraba Kike. Parece que había podido descansar y estaba un poco mejor. Luego, durante la cena, le estuvimos explicando todo lo que habíamos visto y sentido en nuestro primer game drive por el Masai Mara.

Día 8. ¿Cómo es un día de safari en la Reserva Nacional de Masai Mara?

Hoy teníamos por delante un día completo de safari por la Reserva de Masai Mara. Después de lo vivido ayer, teníamos muchas ganas de echarnos al monte y explorar todos los rincones del parque. Kike estaba mejor y pudo sumarse a la expedición.

 

Antes de salir hice la inspección del Mara Simba Lodge, muy bueno, como todos los de la cadena Simba que habíamos probado en Kenia. También fuimos a visitar el Sentrim Mara Camp, un alojamiento para presupuestos ajustados.

 

Ya libres de nuestras obligaciones, teníamos todo el día por delante para explorar el Masai Mara. Lo primero que vimos al entrar al parque fue varios rebaños de vacas hindús muy numerosos, vigiladas por pastores masai. Parece ser que los masai tienen derecho al uso de ciertas partes del parque, no en vano, aquellas tierras les pertenecen desde tiempos ancestrales. Le preguntamos a Mondia si aquella gente no tenía miedo a los animales salvajes y nos dijo que habían convivido con ellos desde tiempos inmemoriales, así que estaban acostumbrados. De hecho, gran parte de la cultura masai está muy relacionada con los animales, por ejemplo, el rito de iniciación de los jóvenes masai. Cuentan que, para convertirse en un hombre, tenía que aventurarse solos en la sabana y matar a un león con una lanza. Si lo conseguía, era aceptado como un masai adulto.

 

Manadas de jirafas y cebras pastando juntas y en armonía, una pareja de avestruces, una hiena escondida entre la maleza, que se levantó y empezó a caminar oteando su alrededor compulsivamente, como los guepardos de ayer por la tarde. Aquí, en el terreno salvaje, si no te andas con cuidado, te puede sorprender cualquier otro animal más fuerte que tú y no lo cuentas, por eso todos los animales, excepto los elefantes, se andan con mucho cuidado.

 

Una manada numerosa de búfalos africanos, habría unos 100, prácticamente todos con sus pájaros antiparásitos encima. Este animal es también muy peligroso, sobre todo los machos solitarios. Tienen muy malas pulgas y su envergadura y agresividad es temida incluso por los leones.

 

Nos fijamos en un ejemplar macho que iba muy sucio, con mucho barro y con unos 15 pájaros antiparásitos encima. Tenía la cabeza llena de moscas y parecía que le costaba respirar. Pensamos que debía estar enfermo, tenía mala pinta, caminaba muy lento, como arrastrándose, pero de repente, quiso acercarse más a su grupo, y empezó a trotar con energía… nos sorprendió aquel cambio de comportamiento…

Estábamos explorando la basta sabana africana, de pronto apareció un guepardo subido a un pequeño montículo, vigilando el horizonte. Esta posición es muy habitual en estos felinos, utilizan las termiteras o los pequeños montículos elevados para observar su alrededor, en busca de presas, pero también para vigilar el acercamiento de posibles predadores.

 

Grupos de mangostas que se escondían en sus madrigueras a nuestro paso, jirafas sentadas!. Una extraña posición para este animal. Claro que había varias de pie, de guardia.

 

Grullas coronadas, un par de cebras juntas, cada una mirando hacia un lado. Todos los animales adoptan hábitos que tienen que ver con la vigilancia y la supervivencia, hasta los más poderosos.

 

Y por fin, 3 leonas en frente nuestro. Eran 3 hembras, dos de ellas metidas entre los matorrales para evitar el sol, que en aquellos momentos era intenso. Y la otra mirando fijamente, mientras se movía lentamente, hacia lo lejos. Parece que había visto algo interesante y no quería perderlo ni un segundo. No nos hicieron ni caso, como si fuéramos invisibles, mientras nosotros les acribillábamos a fotografías. El momento era épico, leones rozando nuestro vehículo.

 

Una de las leonas andaba coja de una pata delantera. Le costaba moverse, pero no se le veía ninguna herida. Dicen que un animal herido en la sabana africana es un animal muerto. Si esta pobre leona se encuentra con una jauría de hienas, lo tendrá crudo… Aquí impera la ley del más fuerte.

Estuvimos un buen rato observando y contemplando aquellas preciosas leonas. No hubo acción mientras estuvimos allí y así ocurre la mayor parte del tiempo en la sabana africana. Los reportajes del National Geographic han desvirtuado un poco la realidad africana. Los leones duermen prácticamente 20 horas al día, el resto se dedican a desplazarse y a cazar, pero no comen cada día. Muchas veces, casi la mayoría de las estrategias de caza no tienen recompensa y se quedan sin comer. Un ataque de un león a su presa dura segundos, pero son tan intensos y requieren de tanta energía, que ya no se podrán mover el resto del día. Lo mismo les ocurre a los guepardos y otros depredadores. Así que ver una escena de caza es muy difícil, el que la pueda presenciar puede considerarse un afortunado.

 

Los del National Geographic filman escenas increíbles, pero es que ellos se pasan meses filmando, día a día y persiguiendo a sus objetivos constantemente. Al final, publican las mejores tomas y claro, nos dejan con la boca abierta.

 

Continuamos nuestro game drive; nos encontramos con un elefante solitario debajo de una acacia enorme, también solitaria. La imagen es preciosa. El elefante se rasco un poco con el tronco del árbol y continuó comiendo hierba. Qué bonito ejemplar, con sus colmillos intactos y su enorme trompa arrancando la verde hierba.

En un momento en el que Mondia se metió por una zona embarrada, nuestro vehículo se quedó enganchado. El nivel de barro era importante, así que tuvimos que bajar del coche a empujar. Después de lo que habíamos visto, no nos hizo ninguna gracia salir del coche, pero le pusimos valentía y conseguimos sacar el coche de allí, eso sí, nos quedamos llenos de barro… Mondia continuó durante un rato por zonas con mucho barro, pero la minivan demostró que su 4x4 funcionaba perfectamente.

Por la mañana le había comentado a Mondia que estábamos muy interesados en llegar hasta el río Mara. Nos hacía mucha ilusión ver este mítico rio africano, y llegamos. Fue espectacular ver el curso del río con un caudal considerable de agua, muy turbia, marrón, infestada de cocodrilos inmensos y familias de hipopótamos.

 

Esta fue otra de las imágenes que se me han quedado grabadas en mi memoria. Estuvimos un rato observando una curva del río. Vimos como los hipopótamos se peleaban entre ellos y emitían fuertes gruñidos, era una imagen de Africa salvaje total. Había hipopótamos sumergidos en el agua, asomando solo cabeza y un poco de espalda, pero otros estaban completamente fuera del agua, a salvo, en unos islotes de tierra, se veían crías pequeñas, estas han de tener mucho cuidado con los machos porque a veces los atacan y matan sin piedad.

 

Había cocodrilos también fuera del agua, en los márgenes de tierra del río, tomando el sol como buenos reptiles de sangre fría. Otros nadaban por el río lentamente, asomando sus escarpadas espaldas y sus temibles cabezas. Eran ejemplares inmensos, de los que atacan a ñues y cebras en la época de la migración, cuando estos tratan de cruzar estos ríos.

Se veían zonas erosionadas en los márgenes del río con múltiples huellas, por ahí bajan los rebaños de ñues y cebras para cruzar el río. Me podía imaginar perfectamente la escena de un primer individuo, el más osado (o inconsciente) saltando al agua, seguido de todo su rebaño, expuestos al ataque de los cocodrilos y a la corriente. Que cruel es la naturaleza, y que bella al mismo tiempo…

 

Mondia estaba un poco nervioso, nos dijo que acercarse tanto al río estaba prohibido y que si algún ranger nos veía por ahí, le pondrían una fuerte multa. No nos supo decir bien porque era una zona restringida, quizás para evitar accidentes de coches que se asoman demasiado al río…

 

Recorrimos un rato el curso del serpenteante río, estaba lleno de cocodrilos e hipopótamos, pero vimos también un par de leones jóvenes retozando entre unos matorrales. Uno de ellos estaba con la panza al aire, rascándose la cabeza contra el suelo. Nos miraron con esos ojos amarillos de felino y su rictus impasible y continuaron con su ociosa actividad.

 

Vimos también por allí, a una distancia peligrosa, a un eland, el antílope más grande de Africa. Magnifico ejemplar, con su papada, su retorcida cornamenta y su piel aterciopelada de color grisácea. Ese animal debe pesar más que un toro de lidia.

 

A todo esto, Mondia, como os comentaba era un guía especial. Llevaba su propia cámara de fotos y no dejó de hacer fotografías, sobre todo a las aves. Nos comentó que era un buen aficionado a la ornitología. Nos resultó extraño que una persona que se dedicaba a esto y que teóricamente estaba todo el día sobre el terreno, se pusiera a hacer fotos… a nosotros no nos molestaba, pero nos pareció raro. Quizás tuviera algún encargo de alguien o estaba haciendo algún trabajo y necesitaba material.

Era la hora de comer y Mondia nos llevó a una montañita, donde según él, podríamos comer tranquilamente nuestro picnic. La minivan subió una empinada cuesta sin problemas. Llegamos a lo alto de la montaña desde donde había unas vistas impresionantes de los alrededores. La vista no alcazaba el final, me imagine que aquellas lluvias a lo lejos podían estar regando el Serengeti tanzano.

 

Bajamos del coche y nos cercioramos de que no había ningún animal peligroso por los alrededores, había matorrales y ahí es donde se esconden muchas fieras. Tras asegurar el terreno, nos pusimos a comer el picnic. Estos packs los prepara el Lodge donde has estado alojado. Casi todos ponen lo mismo; fruta, un trozo de pollo, zumos, galletas, huevo duro y agua. Comimos un poco mientras contemplábamos las magníficas panorámicas y comentábamos los avistamientos de aquella jornada.

 

Estaba lleno de moscas muy pesadas, Mondia se puso una rama en la oreja cuyas ramas le cubrían parte de la cara. Nos comentó que aquellas plantas auyentaban a las moscas y parecía que funcionaba, así que hice lo mismo y me solucionó bastante el problemilla. Vimos un pequeño roedor muerto, lo cogí por la cola y lo dejé de nuevo en el suelo, seguro que algún ave lo encontrará y se lo cruspirá…

 

Nos hicimos unas fotos los 4 juntos con aquellas panorámicas, un buen recuerdo de aquel fantástico viaje. Aquel día nos habíamos puesto todos el chaleco de safari que nos había regalado Alex, así que parecemos un equipo de reporteros del National Geographic.

Bajamos de la montaña y continuamos nuestro safari. Nos encontramos con las 3 leonas de esta mañana y habían cazado algo!. Sus caras estaban ensangrentadas y llenas de moscas. La presa en la que se habían fijado esta mañana había perecido. Si las hubiéramos seguido hubiéramos visto una escena de caza, en fin, otra vez será. Intentamos averiguar que animal habían cazado, parecía algo pequeño porque casi no se veía. Las leonas estaban sentadas desgarrando carne, y relamiéndose las patas, ese día habían podido comer.

Un poco más allá vimos un grupo numeroso, de unos 15 buitres, comiéndose a un ternerito de ñu. Otros tantos estaban volando dando vueltas por encima de la presa. El ñu estaba entero, así que debía haber caído hacia poco tiempo. Los buitres se peleaban violentamente entre si para poder hincar el mejor bocado, me imagino que los ojos.

 

De pronto llego un buitre enorme que asustó a todos los que había allí en aquel momento. Parecía el macho dominante, con la cabeza calva, enormes alas y poderoso pico. Todos los demás se apartaron y el que no lo hizo, recibió un aviso del enorme ejemplar, que se puso sobre la presa, agarrándola bien con sus patas mientras empezó a hurgar el ano del pequeño ñu, una zona de carne blanda, fácil de desgarrar.

Estábamos ya acercándonos a nuestro Lodge, vimos, cerca de las dependencias centrales del parque, unos charcos donde estaban bañándose y jugando un grupo de babuinos, igual que si fueran personas!

 

Esta noche nos tocaba dormir en el Sarova Mara Camp, un Lodge con habitaciones tipo tienda, “tented Lodge” se llama este tipo de alojamientos. Esta tarde nos dimos un baño en la piscina del hotel y luego nos fuimos a dar un paseo por los enormes jardines del lodge, que colindaban con el parque nacional. Subimos hasta el límite del jardín, al otro lado de la cerca había un grupo de jirafas pastando y al fondo, se veía, de nuevo, la espectacular puesta de sol africana. A continuación fuimos a cenar. El buffet de este hotel era fantástico. Tras cenar, nos dirigimos a nuestras tiendas a dormir. Justo delante de nuestra tienda había un impala acurrucado, que parecía buscar protección. No parecía asustarle nuestra presencia.

 

Las tiendas estaban muy bien montadas y tenían mucho encanto, con dintel y mosquitera, luz tenue… ideal para parejitas. El día había sido intenso de emociones, así que dormimos del tirón.

Día 9. De Masai Mara a Nairobi y vuelo internacional de regreso

Hoy era nuestro último día en Kenia, se acababa nuestro viaje… Tras el desayuno y la inspección del Lodge, nos pusimos en marcha hacia Nairobi. Pero aún nos faltaba visitar un poblado masai. Los días anteriores nos habíamos fijado que había varios asentamientos entre el Lodge y la entrada del parque. Estuvimos deliberando si visitar o no un poblado, ya habíamos visto a los samburu y aunque la experiencia es muy gratificante, y ellos están encantados de recibirnos, nos daba mucha pereza tener que ponernos a regatear, porque la contrapartida a la visita, siempre es la compra de alguna de sus artesanías. Finalmente decidimos visitar el poblado, teníamos que completar el programa de actividades y no sabíamos cuando íbamos a volver a Kenia, así que le dijimos a Mondia que nos llevara a uno de aquellos asentamientos. Antes de dirigirnos hacia allí, Mondia paró en una gasolinera a repostar y de repente, vinieron de nuevo las mujeres masai que nos habían “acosado” el otro día a la entrada del parque. Seguían con su estrategia de vendedoras intensas y agresivas. En esta ocasión, tuvieron éxito porque Kike y Toni se mostraron muy receptivos. Era nuestro último día en Kenia y si queríamos llevar algo a nuestros seres queridos de Barcelona, era ahora o nunca. Kike decidió comprar casi todo el género que llevaba una de las masai colgado entre su cuello y sus brazos; se trataba de decenas de pulseras, collares, llaveros, todos en motivos masai, figuritas, etc. Ni se miró lo que era, negocio un precio a peso y lo adquirió. Dijo Kike que ya lo repartiría y si queríamos algo, que nos lo dejaba a buen precio… creo que la mujer masai alucinó… normalmente venden al detalle, de pulsera en pulsera. En aquella ocasión lo vendió todo de golpe!

 

Por su parte, Toni también compro bastantes cositas, pero se enrocó en una negociación y al final no hubo acuerdo. Alex y yo habíamos comprado varias cosas en la tienda del Lodge ayer por la tarde. Tonterías, pero de cierta calidad, y visto lo de hoy, a precio de oro… lo hecho, hecho está.

Llegamos al poblado masai, se trataba de una manyatta, es decir, un recinto rodeado de zarzas espinosas, con chozas de adobe dentro, donde viven los masai. Un poco más allá había unas casas más occidentales, se veía alguna con depósitos de agua, parece ser que era donde vivían los rangers del parque.

 

Antes de entrar en la manyatta, se nos acercaron varios masai para negociar la tasa de conservación. Teóricamente este importe va para la mejora de las instalaciones de la comunidad. No fuimos muy generosos, nuestra visita iba a ser breve. A Alex y a mi nos pusieron unas pieles de león auténticas en la cabeza para que nos hiciéramos una foto… Nos invitaron a entrar y nos explicaron un poco como estaba distribuida la manyatta. Nos enseñaron también una choza, todas de adoba, con una cama con un manto masai y nos dijeron que la alquilaban a viajeros para pasar la noche allí… aquello, si se le ha de calificar de alguna manera, sería un alojamiento “primitivo” con baño compartido. Quien sabe, hay gente para todo, seguro que alguno se habrá quedado a dormir allí, con las pulgas.

 

Estuvimos haciendo fotos a los masai y las masai. Había varios niños y mujeres sentadas vagueando, me dio la sensación de que estaban de decoración, pero también es verdad que en algunas chozas se veía mujeres cocinando. No sé hasta que punto ese poblado era real o era un montaje para los turistas. Lo que esta claro es que los masai eran de verdad. Seguidamente nos pasaron a una especie de mercadillo lleno de tenderetes con artesanías y otros objetos típicos masai. Estuvimos un buen rato allí, no solo regateando, también les estuvimos preguntando por sus costumbres y se mostraban amables y animados con las respuestas. Al final les compramos alguna bisutería, pero también sus mazas de madera, un bonito recuerdo, de lo más auténtico que había por allí ya que es una cosa que ellos utilizan habitualmente.

 

Al salir del poblado, quise hacer una competición con uno de aquellos masai para ver quien saltaba más. Toni se apuntó y empezamos a saltar al modo masai y filmándonos con la GoPro. Fue muy divertido, acabamos descojonándonos los tres por le pésima coordinación que llevábamos.

 

Justo cuando nos íbamos, vimos como recibían con grandes honores a un grupo de turistas. Se pusieron 10 ó 12 masais a saltar y cantar, rodeando a los viajeros. Era una danza guerrera, llevaban lanzas y escudos. Era hasta un poco intimidatoria. Seguro que aquellos turistas les pagaron mucho más por la visita que nosotros, ahora me arrepiento de haber sido tan tacaño…

Nos pusimos en marcha hacia Nairobi. La carretera es casi toda de pista y en muchos tramos está siendo desdoblada, así que no se puede correr mucho. Vimos por el camino algunos poblados masai que seguramente eran más auténticos que el que habíamos visto nosotros, pero a Mondia se le veía tenso porque íbamos justos de tiempo, así que no paramos. Pasamos por Narok, donde había mucho ambiente, mucha gente por la calle, se veía una población emergente.

 

El resto de la carretera seguía bastante en mal estado, muchos trozos en obras, pero como abandonados. Me pareció increíble que tuvieran aquello en aquel estado… una via de comunicación que lleva a uno de los recursos más importantes del país… bien pensado, quizás no convenga explotar demasiado aquel recurso tan valioso.

 

Ya muy cerca de Nairobi, y con la carretera de asfalto, que viene de donde habíamos estado días anteriores, el Lago Naivasha y Nakuru, nos encontramos con un puerto de montaña considerable, lleno de camiones. Solo había dos carriles y la pendiente era bastante fuerte, con lo que la conducción era lentísima, hubiéramos adelantado más caminando… A medio puerto, hicimos una parada en un mirador con restaurante. Las vistas eran impresionantes, se veía toda la falla del Rift Valley perfectamente, fue un buen sitio donde parar. Comimos algo de nuestro picnic y el resto se lo dimos a los del bar, que lo aceptaron encantados.

 

El bar era un chiringuito de chapa, con un cartel publicitario de Coca Cola que decía “Burudika na Cocke Baridi”, que viene a decir que allí se vende Coca Cola fría, cosa que certifico, estaba muy fresquita.

 

Por fin llegamos a Nairobi, desde la carretera pudimos ver los “townships” o barrios de chavolas de las afueras de la ciudad, era impresionante ver todas aquellas extensiones de hojalata y plásticos donde viven miles de personas. Un aspecto del país que no se enseña, pero que es real como la vida misma.

 

Nos despedimos de Kenia y de Mondia con una buena propina y deseando vernos en un futuro próximo. Llegamos a tiempo para hacer todos los trámites aduaneros y facturar nuestras maletas. En aquella ocasión el vuelo era nocturno, también vía Doha, así que nos acomodamos en el avión y a volar de regreso a Barcelona!

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  • Frank Pineda (lunes, 30. marzo 2020 21:42)

    Que pedazo de safari, gracias por compartirlo Max!!

    Saludos

  • Dámaso (lunes, 30. marzo 2020 19:45)

    Gracias Max
    Un interesante aporte para animarnos a próximas aventuras.
    Queda pendiente a expensas de lo que se pueda hacer este año
    Muy ameno
    Un saludo

  • María Rosa (domingo, 29. marzo 2020 22:33)

    Max, acabo de hacer un safari desde el sofá del confinamiento!
    Buenísimo!!
    A dónde será el próximo viaje?????

  • Toni Salgado (domingo, 29. marzo 2020 21:20)

    Impresionante Safari y totalmente recomendado! Hay que vivirlo, al menos una vez a la vida! Moltes Gracies Maxi!! Gran record!

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