¿Qué animales podremos ver en la selva y la estepa africana?

Hablaremos en este artículo de las especies animales que habitan la selva y la estepa africana.

 

La selva, cuyos animales vamos a conocer a continuación, es más exclusivista que la sabana o la estepa arbustiva. Las condiciones que impone su mundo cerrado, sin horizontes, lóbrego y tridimensional, lo hacen inhábil para los grandes corredores. ¿Cómo podrían descubrir a tiempo a los predadores y escapar al galope una cebra o un ñu a través de la intrincada y espesísima maraña vegetal de la selva? Solamente dos grandes rumiantes se han adaptado tan perfectamente a la selva que sólo pueden vivir en los más espeso y tenebroso de ella: son el okapi y el bongo, prácticamente desconocidos hasta hace muy pocos años. El búfalo y el elefante, dos de los animales más adaptables a todos los ambientes, con tal de no carecer de agua, han extendido su hábitat hasta el corazón de las mismas selvas, aunque a costa de perder algo de su fortaleza.

 

La selva es el reino de los animales predadores: infinidad de primates, desde los pequeños gálagos y pofos hasta los gigantescos gorilas, pasando por los monos; multitud de serpientes y llamativas aves.

 

Por otro parte, la estepa arbustiva ocupa dilatadas extensiones del continente africano, mayormente en su zona oriental o meridional. Extremadamente seca durante casi todo el año, recibe una o dos temporadas de cortas y parcas lluvias, que convierten durante breve tiempo a la abrasadora estepa en un vergel: troncos y ramas secas y retorcidas se cubren de pequeñas hojas de un verde intenso, brotan innumerables florecillas de todos los colores entre las que zumban los insectos dedicados a la polinización; cantan las aguas en arroyos y riachuelos. Desgraciadamente este paraíso es fugaz. En poquísimos días la estepa vuelve a ser calurosísima, ríos y arroyos se convierten en cauces secos y resquebrajados, y no es posible dar unos pasos sin sentir las carnes desgarradas por espinas agresivas a todos los niveles.

Pero este mundo atormentado guarda en su seno verdaderos tesoros zoológicos, especies de delicada apariencia y notable comportamiento. Compite con la sabana, si no en biomasa, sí por el número y variedad de sus especies. Y es, sobre todo, el paraíso de los pájaros.

 

Van a desfilar por este artículo animales como el león, el llamado rey de la selva; el antílope, la jirafa (el animal más alto del mundo), el kudu, la termita (habitante de un mundo sin sol), el rinoceronte negro, la melívora, el caracal, el okapi, el elefante, el búfalo, el mandril, el leopardo, el chimpancé, el gorila, el áspid de Egipto, la serpiente pitón, el camaleón, el gato serval, la tórtola, etc.

 

Todos estos animales es posible verlos durante un safari fotográfico por Tanzania y Kenia

La selva africana

Un mundo en penumbras. El área ocupada por la verdadera selva tropical africana es relativamente pequeña comparada con la enorme extensión del continente negro. Las condiciones climáticas que la originan y mantienen son extremadamente delicadas. Requieren un calor suficiente y continuo, y abundancia de lluvias repartidas uniformemente a lo largo de todos los meses del año. Además, el suelo debe ser adecuado para el enraizamiento de corpulentos árboles. El sol no puede atravesar las espesas copas arbóreas de diferentes alturas, y a ras del suelo reinan la penumbra y el silencio. La espesura oculta los animales del bosque, bullente de vida. Este se desarrolla no sólo en el plano horizontal como en la sabana por ejemplo, sino también en altura, correspondiendo un hábitat a cada piso vegetal.

La estepa arbustiva

El reino del sol. Cuando el suelo es árido y desigual, y las lluvias precarias y de régimen irregular, se producen las estepas arbústicas, que en los países de lengua inglesa reciben simplemente el nombre de “Bush” esto es: matorral. Los indígenas africanos lo llaman “Nyika”.

 

En el “Bush” solamente pueden arraigar plantas adaptadas por medio de larguísimos períodos de aclimatación a las duras condiciones de aridez y sequía que reinan en las estepas durante largos períodos de tiempo. Son plantas de cortezas duras e impermeables para disminuir la evaporación; además se defienden de las apetencias de los animales con púas, hojas coriáceas y las agallas de larvas e insectos de picadura o mordedura urticante. Las raíces se alargan con profundidad o en extensión, para poder absorber la máxima cantidad de agua o humedad posibles durante las raras y escasas lluvias que suelen caer de tarde en tarde.

 

La vegetación predominante está compuesta por acacias de diferentes especies, árboles de la mirra y gramíneas tan duras, coriáceas y espinosas como las anteriores. Entre todos destacan, bien que, con escasa frecuencia, los baobabs, generalmente aislados, a veces en pequeños grupos. Este árbol, uno de los más corpulentos del mundo y que puede vivir más de dos mil años, es inconfundible por la desproporcionada anchura de su tronco, la parquedad de sus ramas retorcidas, semejantes a raíces puestas al aire, y la escasez de sus hojas. El baobab almacena en su enorme tronco, comparable a un gigantesco barril, el agua recogida en las tardías épocas de lluvia. El baobab, destacándose en la árida estepa, ofrece cobijo y protección a una serie de pequeños animales formando como un pequeño ecosistema propio. Mejor que reino del sol sería llamar a la estepa africana “reino de las espinas”.

En el Parque Nacional de Tarangire es posible ver praderas de baobabs.

¿Cuál es el antílope más grande de África?

El Eland

 

El eland común o de El Cabo (Taurótragus oryx) y el eland de derby (Eland derbianus) son los más corpulentos de los antílopes. El primero mide 1,90 m de altura en la cruz y pesa 900 kilos. Tiene la pelambre corta, de color amarillo rojizo muy claro, con cuatro o cinco rayas finas verticales en el cuerpo y dos manchas oscuras detrás de los brazuelos. Sobre la cabeza le cuelga un pequeño penacho de pelo entre los cuernos. Estos, presentes en ambos sexos, son más fuertes en los machos, y el resto en espiral hasta cerca de la punta que vuelve a ser lisa. El eland de Derby es mayor que el anterior, alcanza 2 metros y pesa 1.000 kilos. Es de color castaño, con una banda blanca y ancha en la base del cuello. Las costumbres de ambos son muy semejantes, aunque ocupan distintos hábitats.

 

Animal de temperamento pacífico y poco agresivo, a pesar de su fuerza y corpulencia, rara vez se entrega a la lucha con sus semejantes, ni siquiera en la época de celo. Cuando raramente se pelean, lo hacen ritualmente, de rodillas, entrelazando los cuernos y tratando cada uno de doblar hacia un lado el cuello del otro. Poco más o menos que “echar un pulso” inofensivo.

 

Para desplazarse, caminan en fila india con un gran macho a la cabeza y cada individuo a menos de un metro del que le precede.

 

Su calmoso carácter y tranquila apariencia les hace asemejarse más a una punta de ganado doméstico que a animales salvajes. Pero a menudo se sienten sacudidos por una extraña inquietud y hacen extrañas piruetas que los han hecho famosos en todo el mundo; dan grandes saltos pudiendo pasar por encima de sus compañeros. Los rusos han introducido a los elands en las estepas asiáticas con rotundo éxito. Producen más leche y carne que cualquier otro bóvido.

Donde vaya el gran macho guía de la manada irán los demás. Pero, cuando el primero descubre o presiente un peligro, los incita a apresurarse para ocultarse en algún bosquecillo. Inicia un breve trote, vuelve, patea el suelo y repite la carrera para que lo sigan. Y cuando lo consigue, nada ni nadie puede detenerlos ni hacerles desviar de su camino. Los individuos adultos nada tienen que temer de las fieras, ni siquiera de los leones. Pero éstos acechan el paso de los grandes antílopes, porque si los individuos viejos o tarados, o las hembras grávidas, o los demasiado jóvenes no pueden seguir la marcha de los demás, ninguno se detendrá a esperarlos ni ayudarles. El que pierda el ritmo de la marcha corre peligro de acabar en las fauces de los carnívoros.

 

La época del apareamiento coincide con la de los grandes calores. Doscientos sesenta días después las hembras dan a luz hijos que a las pocas horas de nacer ya pueden trotar junto a ellas y muestran desde ese momento una marcada tendencia a caminar en fila india. Pero lo más asombroso es que las madres, al contrario de otras que son capaces de defender a sus hijos enfrentándose con animales feroces, con la mayor bravura, abandonan a los pequeños si en el curso de una carrera éstos no pueden mantenerse unidos al grupo.

¿Se pueden ver jirafas durante un safari por Tanzania y Kenia?

La Jirafa

 

La jirafa es un cuadrúpedo exclusivo de África, que, por muchos aspectos, no tiene parangón con ningún otro en el mundo. La familia de los jiráfidos es cortísima, pues solo cuenta con dos especies: la jirafa y el okapi, ambos con algunos caracteres comunes, pero no identificables a primera vista.

 

Es posible ver muchas jirafas durante un viaje de safari por Tanzania y Kenia. De hecho, es una de las especies que más destacan en los parques nacionales y más fáciles de avistar, así que, si es uno de vuestros animales preferidos, ¡estáis de suerte!

 

La característica más sobresaliente de las jirafas, la que le hace inconfundible y llamativa a primera vista, es, desde luego, la extremada longitud de sus miembros, y, sobre todo, de su cuello, prodigiosamente alto y esbelto. Las jirafas, que pueden medir entre 3,5 y 4 metros de longitud, alcanzan, no obstante, entre 5 y algo más de 6 en altura total, con alrededor de 3 metros en la cruz. Su peso oscila entre 950 y 1.300 kilos para los animales adultos. El cuerpo, comparativamente a sus miembros y cuello, resulta ridículamente corto. Las patas delanteras son mucho más altas que las posteriores, y ello determina una línea descendente de adelante a atrás en el lomo, que sigue, poco más o menos, la inclinación del cuello. A pesar de su desproporción y gracias a su esbeltez y a los sinuosos y armónicos movimientos de sus cuellos, las jirafas resultan graciosas y atractivas. Su carácter también contribuye a ello, pues son de una timidez y una dulzura extremadas.

 

Viven aisladas o en grupos de dos a diez o doce, que pueden ser solo machos o hembras con crías, o machos y hembras con o sin crías. Los grupos son muy inestables, pues los individuos se pasan de uno a otro grupo caprichosamente y sin razón aparente. Se dice que es raro ver un grupo igual más de dos días seguidos. Habitan en los espacios arbolados pero con buena hierba, pues comen tanto las ramas altas de las acacias como la hierba.

Las jirafas permanecen de pie durante el parto, alumbrando invariablemente un solo hijo que cae de golpe al suelo. A la hora, ya pueden ponerse en pie. Si no hay predadores en la zona, la madre se despreocupa de él, pero si aparecen fieras lo defenderá valientemente. La coz de una jirafa adulta puede romper la cabeza o el espinazo de un león.

 

Cuando las jirafas van a beber agua o comer hierba tienen que adoptar una postura con las patas delanteras muy separadas y el cuello doblado hacia el suelo para poder llegar a éste o a la superficie del agua con la lengua. Tienen que extremar la vigilancia, porque es el momento que acechan los leones especialistas en matar jirafas, saltándoles al cuello y derribándolas.

 

Aunque realmente no son mudas, como llegó a decirse, las jirafas raramente emiten sonidos, y se comunican por medio de actitudes. Azotándose los flancos con la cola y levantando la cabeza, expresan la alarma de un peligro próximo. Para vigilar mejor, las jirafas, mientras comen o beben, permanecen vueltas unas respecto a otras para cubrir con la mirada los cuatro puntos cardinales.

 

El trasiego de individuos de unos grupos a otros es causa de que los duelos, por alcanzar la más alta jerarquía del grupo, sean casi constantes. Pero no utilizan las coces, sino los cuernecillos, menos peligrosos, y, sobre todo, los golpes al cuello del adversario. Para efectuar estas peleas ambos machos se colocan juntos y paralelos y balancean sus cabezas para golpearse mutuamente. Tanta es su fuerza, que a veces se fracturan el cuello, o quedan inconscientes. Por fortuna, la mayoría de las veces no suelen dar en el blanco.

 

Los grandes ojos de aguda visión están defendidos por largas y espesas pestañas. Los cuernecillos cubiertos de piel, y la lengua larga de hasta 40 cm, móvil y prensil, son insensibles a los espinos de las acacias y las mordeduras de las hormigas que defienden las ramas de las mismas. La enorme altura a que se encuentran el cerebro de las jirafas y las oscilaciones cuando bajan la cabeza exige un dispositivo especial que regule la presión sanguínea del cerebro.

¿Qué antílopes se pueden ver en un safari por Tanzania y Kenia?

El Impala

 

La mayoría de las setenta y dos especies de antílopes conocidas habitan en las llanuras herbosas del continente negro. Todos poseen cuernos de astas sencillas y perennes, de tamaños y formas muy variados. Las hembras de algunas especies carecen de ellos.

 

El impala es uno de los antílopes africanos más bellos por la armonía de sus proporciones, el color rojizo de su pelambre, la viveza de sus ojos y la forma y disposición de la cornamenta, exclusiva, en este caso, de los machos.

 

Toda esta armonía está, por supuesto, al servicio de la supervivencia de la especie. Los impalas son rapidísimos en la carrera, y dan saltos de hasta 10 metros de distancia por 3 de altura que los hacen aparecer y desaparecer como pelotas, dejando chasqueados a sus perseguidores. Para mayor protección suelen pacer en las proximidades de las agresivas tropas de papiones y otros animales que, a su vez, se benefician de la excelente vista del impala.

 

Los impalas jamás se internan en la espesura ni se aventuran en la sabana herbosa demasiado lejos de las zonas arbustivas. El agua les es imprescindible. Por esta razón su distribución es discontinua, pero donde quiera que vivan son siempre muy numerosos.

 

Los machos jóvenes se reúnen formando clanes de solteros, entre cuyos miembros se desencadenan frecuentes combates, entrelazando los cuernos y forcejeando para doblar la cabeza del oponente, y que terminan con la retirada del más débil. Solo los más fuertes tendrán la oportunidad de vencer a algún macho dominante y apoderarse de su harén.

Los machos impala dominantes pueden reunir o bien rebaños de unas pocas hembras con crías, o más de cien. Enormemente celosos, no dejan que ninguna se descarríe, ni que un soltero se acerque a ellas, viéndose obligados a realizar así una tarea constante y agotadora. Pero la dirección del rebaño no la lleva el macho, sino una vieja hembra, que es la que indica el camino.

 

Un buen ejemplar de impala representa carne suficiente para un pequeño grupo de leones o para una jauría de perros cazadores. O bien alimento para varios días para un cazador solitario como el leopardo y el guepardo. También las hienas, chacales y aves de presa roban crías de impala siempre que se presenta la ocasión. La ofensiva predadora de tatos cazadores es la que ha hecho del impala el más gracioso y esbelto, pero también el más ágil animal de la estepa arbustiva.

Kudus y Nyala

 

El kudo manchado o kudo mayor (Tragelaphus scriptus, o también Strepsíceros scriptus) es un bello antílope de 1,50 metros de alzada y 320 kilos de peso, que habita en toda África al sur del Sahara, excepto en las selvas y en los desiertos. La capa es gris rojiza, o roja herrumbrosa, con un crin que se prolonga por el dorso y termina con un mechón en la cola; una barba bajo el mentón también se prolonga por la papada. Tiene una mancha en forma de V entre los ojos, y manchas blancas a los lados del cuello, y asimismo en otras partes. Varias finas rayas cruzan verticalmente el cuerpo, y le ayudan a confundirse con el fondo del paisaje cuando se inmoviliza entre los matorrales de ramillas resecas.

 

Al presentir un peligro el kudu no huye, sino que se oculta en la espesura haciéndose indistinguible. Sobrevive gracias a su facilidad para pasar inadvertido, porque sus largos y hermosos cuernos, propios solo de los machos, de hasta 167 centímetros a lo largo de su curvatura espiralada, han atraído contra él toda clase de cazadores. Vive comúnmente en rebaños de media docena de individuos, doce como máximo, integrados por machos y hembras con crías. Con frecuencia se encuentran rebaños de ejemplares de un mismo sexo. A menudo se ven machos solitarios. Las peleas entre los machos son raras, limitándose, cuando alguna vez ocurren, a un simple forcejeo con los cuernos.

 

El agua es el elemento imprescindible para los kudus mayores. En cambio, el pequeño kudu (Tragelaphus imbersis), menos robusto y carente de barba, prospera en terrenos más secos y relativamente cerrados, donde habita en grupitos de dos, tres o cuatro individuos. Similar a los kudus es el nyala (Tragelaphus angasi), con los cuernos más desarrollados y menos espiralados, cubierto de un pelaje más espeso.

El Oryx

 

Los oryxs son antílopes realmente hermosos por sus robustas y macizas proporciones, por el color blanquecino o suavemente agrisado y amarronado de su piel, con características manchas en el lugar de la carente crin, en la cola y el centro de la grupa, a lo largo de los costados y en las patas. Su altura en la cruz es de 1,20 metros, lo mismo que llegan a medir sus cuernos, casi rectos, ligeramente separados, más bien delgados y finalmente anillados hasta cerca de las afiladas puntas. Las hembras los tienen más largos que los machos.

 

Diversas especies y variedades habitan las llanuras áridas de Africa, e incluso una de ellas (Oryx lecoryx) en el corazón de Arabia. El oryx blanco, cimitarra o del Sahara (Oryx dammah) se extiende por este desierto; el oryx beisa (Oryx gacella beisa) en la Somalia o cuerno de Africa, y más al sur, en las estepas de Kenya, el oryx del pincel o empenachado (oryx gacella callotis), llamado así por los largos penachos pilosos de sus orejas; el oryx de El Cabo, llamado “gemsok” por las gentes de habla inglesa, el más hermoso de todos, embellece las soledades del desierto del Kalahari.

 

Sus cuernos no son meros adornos, sino dos armas peligrosas, y los oryx son conscientes de ello. Los machos combaten por las hembras, empujando con la cabeza, entrechocando los cuernos como espadachines, o intentando torcerse el cuello, en luchas ritualizadas rarísimamente sangrientas. Machos y hembras también se entregan a luchas más o menos simuladas antes del desfile nupcial. Los cuernos son empleados por los indígenas como puntas de lanza, y también se hacían con ellos elegantes bastones con puño y contera de plata.

 

Cuando se entregan al descanso, inmóviles de pie, o echados, a la sombra de alguna acacia u otro árbol, los oryx se disponen siempre en forma de estrella, con los cuartos traseros hacia el centro y las cabezas vueltas hacia el exterior, para poder vigilar mejor todo el terreno circundante, y no dejarse sorprender por sus enemigos. Atacados por perros salvajes o leopardos, prefieren enfrentarse a ellos con la cabeza baja y los cuernos hacia delante, dando terribles cornadas a un lado y otro, que pueden atravesar los cuerpos de sus antagonistas.

Solo en última instancia emprenden la huida. Aunque no son tan rápidos en la carrera como otros antílopes, se trasladan a buena velocidad y pueden sostener la cerrera durante largas distancia. Es corriente que un helicóptero tenga que perseguirlos 20 kilómetros antes de alcanzarlos, y al ser perseguidos por un automóvil, si se ven acorralados, se vuelven contra él, corneando furiosamente ruedas y planchas.

 

En la época de apareamiento, los oryx expulsan de las cercanías a toda clase de animales, incluso a otros herbívoros. Las parcelas nupciales de los machos son simplemente la sombra de un arbolito, un matorral o cualquier accidente del terreno. Las hembras dan a luz durante la época de lluvias, y las crías pueden incorporarse en seguida a los rebaños. La presencia de hienas u otro predador desencadena inmediatamente el ataque de la madre y de los demás adultos del grupo. Incluso en los parques zoológicos tienen que ser alojados solos, porque siempre tratan de dominar a cualquier otra clase de animales que se pusiera a convivir con ellos.

 

Desgraciadamente la caza incontrolada, especialmente llevada a cabo por los empleados de las zonas petrolíferas del Sahara y de Arabia, está aniquilando las especies propias de sus territorios.

Hippotragos

 

Los hipotraguinos son antílopes de dimensiones media y grande, con cuernos de notable longitud. Los más destacados son los hipotragos equinos, los hipotragos negros o sables, los Cobos y el defasa. El hipotrago equino o antílope ruano (Hippotragus equinus) mide hasta 1,50 metros en la cruz y pesa 270 kilos. Es de color leonado con una rígida crin sobre el cuello y otra más espesa debajo del mismo. Los cuernos anillados son más cortos en las hembras, arqueados hacia atrás. Viven en rebaños de doce o quince individuos que suelen dispersarse en la época de celo o de cría y unirse a otros durante las sequías.

 

De jóvenes los hipogrados se arrodillan sobre las patas delanteras para mamar, y para arrancar los primeros bocados de hierba. Cuando son adultos siguen arrodillándose para beber agua y asimismo para disputar frecuentes y furiosos combates ritualizados en la lucha por el dominio del rebaño. Así pueden probar las fuerzas sin herirse. Porque sus cuernos han atravesado a más de un leon, y los cazadores saben lo peligrosos que resultan cuando están heridos.

Defassa

 

El defasa (Kobus defassa) recuerda a los ciervos por su constitución fuerte y cabeza grande. Solo los machos poseen cuernos, de 75 a 100 cm, anillados casi en su totalidad. El pelaje es largo, especialmente en el cuello, untuoso e impermeable, de color rojizo y pardo-gris, con una característica línea blanca en forma de corazón, en el hocico. Viven siempre en las proximidades del agua, donde se refugian en cuanto presienten algún peligro. Su gruesa capa de pelo impide por completo que se moje su piel.

 

Cobo Untuoso o antílope acuático

 

(Kobus ellipsyprimnus), también conocido como cobo de la elipse o de la media luna. Su pelaje es basto y untuoso, y, lo mismo que el defasa, le sirve para no mojarse cuando penetra en el agua de los ríos en busca de refugio, por lo que tampoco suele alejarse mucho de las orillas. Por su dependencia del agua los ingleses lo denominan waterbocks. En sus pequeñas manadas, de ocho a diez ejemplares, predominan las hembras, y, aunque puede haber dos o tres machos, uno solo es el que lleva exclusivamente la dirección del grupo.

Dik-dik

 

Los “dik-dik” reciben este nombre porque repiten casi exactamente el ruido que producen sus grititos entrecortados. Apenas mayor que una liebre, con 3, 4 o 5 kilos de peso, ojos redondos, grandes y llenos de curiosidad, pequeños cuernos solo en los machos, los “dik-dik” viven generalmente en parejas, a veces con algunos hijos, en la estepa espinosa y en el Bush africano. Su presencia enfurecía a los cazadores porque el grito con que los “dik-dik” los saludaban daba la alarma a los otros animales mayores que constituían el objeto de la caza. Durante el día pasan la mayor parte del tiempo ocultos, y al caer la tarde se muestran más atrevidos en sus cortas correrías.

El Oribi, gran saltador

 

El oribi (Ourebia ourebia) es otro antílope de pequeñas dimensiones, algo menor que un macho cabrío, tan gracioso como el dik-dik. En parejas, a menudo acompañadas de una cría, habitan en terrenos llanos u ondulados cubiertos de altas hierbas y arbustos. Los machos ostentan pequeños cuernos incurvados hacia delante, y ambos sexos tienen una mancha negra detrás de las orejas. Cuando se ven amenazados huyen a todo correr dando a menudo grandes saltos verticales para poder ver a su perseguidor y avisar a sus congéneres. O bien se mantienen inmóviles aplastados entre la maleza quemada. También suelen buscar protección junto a los rebaños de grandes antílopes o en la proximidad de las viviendas humanas, donde no suelen acercarse los leopardos ni los perros licaones.

 

Duiquer o Silvicapra

 

(Sylvicapra grimmia) mide 1,10 metros y los cuernecillos apenas 10 centímetros. En lugar de sacos lacrimales tienen dos líneas arqueadas y desnudas. Aislados o en parejas, rara vez en pequeños grupos, habitan en toda Africa al sur del Sahara, siempre cerca de matorrales espesos o bosques densos, en los cuales, dando numerosos rodeos, logran ponerse a salvo de sus perseguidores, engañando incluso a perros adiestrados. El Duiquer azul (Philantomba maxwelli) apenas mide 30 centímetros, lo que le permite refugiarse en cualquier agujero o madriguera abandonada.

 

Gacela de Waller o Gerenuk

 

(Litocranius walleri), llamado también antílope jirafa por su largo y característico cuello, y sus también largas y finas extremidades. Los cuernos son propios de los machos, y tienen los ojos grandes y vivaces. Viven en ambientes pobres, por lo que han de ser sobrios, contentándose con plantas espinosas y con el rocio matinal. Son muy agiles en la carrera y en el salto, y, para alcanzar las ramas más altas de los matorrales, adoptan una curiosa postura vertical apoyándose con sus patitas anteriores.

Termiteros, un mundo si sol

 

Millones y millones de insectos contribuyen a la creación y sostenimiento de los ciclos ecológicos en todo el mundo. En Africa destacan las termitas. Estas transforman la madera muerta en abono para el suelo. Sin ellas las sabanas y estepas se convertirían en desiertos. Cada genero de termita construye un tipo de termitero en función de la clase de terreno, la mayoría de ellos subterráneo. Solo algunos géneros de estos animales los construyen sobre tierra. Todos tienen galerías de ventilación que abren o cierran a voluntad para mantener el termitero a temperatura y humedad uniforme.

 

Las colonias de termitas están fundadas por una pareja sexuada, macho y hembra, que pueden vivir 50 años. La hembra o reina pone cada dos segundos un huevo y de estos huevos saldrán jóvenes obreras que, con el tiempo, se transformarán en nodrizas, obreras o soldados que se queden en su lugar de nacimiento; o en machos y hembras alados y sexuados que saldrán a emparejarse para formar nuevas colonias. Durante la época del vuelo nupcial los indígenas las capturan y las comen a millares.

 

Excepto en el vuelo nupcial, las termitas jamás ven la luz del sol. Cuando un animal rompe el muro exterior o penetran las hormigas Dorylus, las termitas soldados hacen frente con sus fuertes mandíbulas, mientras las obreras se apresuran a reparar el desperfecto con celulosa mezclada con una secreción que le confiere la consistencia de la piedra. Las obreras son las únicas capaces de digerir la madera. Ellas trasvasan el alimento digerido a las bocas de la reina y del rey y a los soldados, y estos también entre sí.

Muchos animales, peces, anfibios, reptiles, aves y mamíferos se alimentan en mayor o menor proporción de insectos. El de mayor tamaño y más notable es el oricteropo (Orycteteropus afer), vulgarmente llamado cerdo u oso hormiguero; el cual, aunque se alimenta casi exclusivamente de termitas, también come verdaderas hormigas (excepto la gran hormiga roja) y algunos frutos.

 

Solitario y seminómada, el oricteropo cambia con frecuencia de lugar y aun más de habitación, abandonando las terreras que excava, que usan otros animales. Es tan rápido, que cuando se ve amenazado por un peligro excava una terrera y se refugia en ella. Pero si no tiene tiempo a terminarla, sabe defenderse de leones y leopardos.

 

Sus uñas son grandes y fortísimas, capaces de romper las paredes de un termitero o de causar heridas profundas a sus enemigos; su piel es refractaria a las mordeduras de los insectos; su hocico redondo, largo y plano, le permite rebuscar entre los escombros de los termiteros, finalmente, en su lengua larga, saliente y cilíndrica, impregnada de saliva viscosa, se adhieren los insectos que así pasan directa y rápidamente a su boca, donde son engullidos.

¿Es posible ver rinocerontes en Tanzania y Kenia?

El rinoceronte negro

 

(Diceros bicorne). En realidad el llamado rinoceronte negro es apenas algo más oscuro que su pariente, el llamado rinoceronte blanco. Las diferencias más notables son la menor corpulencia y las formas más redondeadas del negro, que solo alcanza 1.500 kilos de peso, la menor longitud de su cuerno delantero, y, sobre todo, la forma del labio superior, que, mientras en los blancos es recto como el borde de una pala para arrancar mejor la hierba, en el negro forma un apéndice digitiforme móvil, adecuado para prender y arrancar tallos, yemas y hojas de los arbustos y matorrales, es decir, para ramonear. Animales eminentemente solitarios, es posible ver dos o tres en un grupo (más de ellos ya es excepcional) cuando coinciden algunos vecinos cuyos territorios se interfieren. En cambio, no tolerarán la presencia de congéneres desconocidos.

 

A los rinocerontes negros no parece molestarles el calor y es fácil verlos tendidos en el suelo donde se confunden con una roca, a pleno sol, aunque a pocos pasos se proyecte la sombra de un árbol. Pero necesitan cuidar su piel revolcándose en las charcas para cubrirse con una capa de barro que matara los insectos incrustados en los pliegues de su espesísima piel.

 

Machos y hembras forman parejas de temporada, pero nunca estables; a veces, se separan definitivamente después del apareamiento; otras, permanecen juntos unos días o algunas semanas. El embarazo dura quince o dieciséis meses, y cada hembra suele tener a su lado cuando se prepara para un nuevo parto.

 

Hoy en día, el rinoceronte es una de las especies más amenazadas y en serio peligro de extinción. Aún se pueden ver algunos en Tanzania (Cráter Ngorongoro) y Kenya (Lago Nakuru).

Bufagos de pico rojo y pico amarillo

 

Los bufagos o picabueyes no solo limpian de insectos la piel de los rinocerontes, a los cuales siempre acompañan, sino que, al levantar el vuelo, le avisan de la proximidad de un peligro. El bufago de pico rojo se propasa demasiado en sus atribuciones, porque si el rinoceronte no tiene heridas se las causa él, para atraer a moscas y otros insectos, de los cuales se alimenta.

 

La capacidad visual del rinoceronte es pésima y no distingue a un congénere a 100 metros. Por ello se guía más del olfato y del oído que de la vista. Cuando algo le alarma o barrunta la proximidad de un intruso, el rinoceronte arremete en línea recta contra él. A veces solo pretende asustar, y cuando cree que lo ha conseguido se detiene, curiosea un poco y a menudo se retira tranquilizado. Pero otras veces su arremetida lleva una elevada carga de intención destructiva.

Melivora o Ratel del Cabo

 

La melívora o ratel de El Cabo (Mellivora capensis) habita un poco por todas partes, en casi todos los ambientes africanos y en algunas zonas de Asia. Como todos los ustélidos, apoyado por las uñas de las patas delanteras, largas, curvadas y fuertes, tiene un temperamento muy agresivo y una dentadura formidable. Caza y devora desde insectos como saltamontes, langostas y coleópteros hasta antílopes de corta talla, como oribis y “dik-diks”, pasando por toda clase de roedores, pajarillos, etc. Incluso ataca a serpientes, tanto inocuas como venenosas: cobra de cuello largo, víbora sopladora, etc. A las que da muerte con una técnica semejante a la de las mangostas.

 

Los machos reservan un territorio de caza, en el cual no toleran la presencia de otros carnívoros; tratan de expulsar a los mayores que el y se atreven a hacer frente al hombre con una audacia increíble. Para descansar durante le estación seca, excavan una madriguera o se apropian alguna de ellas, abandonada por otro animal, generalmente de oricteropos. Cuando la hierba es alta suelen encamar en cualquier rincón.

El pájaro indicador

 

Los pájaros indicadores (Indicator indicator), a veces denominados “guiamiel”, son aves parasitas que ponen sus huevos en nidos ajenos, dejando que los dueños del nido alimenten a su prole. A pesar de no haberlo aprendido nunca, estos pájaros tienen por costumbre avisar al ratel, al hombre y otros animales cuando han descubierto un panal.

 

Como ya queda dicho, el pájaro indicador atrae también la atención de otros animales, e incluso de los seres humanos. Los indígenas saben muy bien que cuando un indicatórido revuela en torno a ellos, es que quiere conducirlos a un enjambre. Los indígenas, lo mismo que el ratel, le siguen y se apoderan de la miel, ahuyentando a las abejas con humo de ramas verdes encendidas. El indicador siempre recibirá su ración de miel en pago a su ayuda; porque los indígenas están convencidos de que, si no les dejaran su parte, la próxima vez el pájaro les guiaría, en venganza, no a un panal, sino al cubil de una fiera o de una serpiente. Y por ello siempre dejan cierta porción de miel para el indicador.

 

Porque, a pesar de su variada alimentación, lo que realmente le gusta al ratel y que le ha dado el nombre de melívora, es, sencillamente, la miel. El pájaro indicador atrae con sus chillidos y con sus vuelos al ratel. Este le sigue hasta el panal y lo destroza, insensible a las picaduras de las abejas. Como la miel golosamente mientras el indicador se lanza sobre la cera y las abejas, que devora a placer, lo que no podría conseguir sin la ayuda del ratel o de otro amante de la miel capaz de partir los panales.

Caracal

 

Si todos los linces son famosos por la esbeltez de su estructura y la agilidad de sus movimientos, el lince caracal (Lynx caracal) se lleva la palma entre todos. El tono del color de su suave pelambre varía de unos sitios a otros para adaptarse al enmascaramiento en el medio ambiente; los grandes pabellones auriculares terminados en un grueso pincel los provee de un finísimo sentido del oído que les permite cazar lo mismo de día que a la caída de la tarde, o en plena noche.

 

Gracias a sus largas patas, el caracal corre casi tanto como el guepardo y salta agilísimamente. Aunque también da caza a mamíferos como gerbos, liebres saltadoras, pequeños antílopes y otros, el caracal es, sobre todo, un especialista en dar caza a una amplia gama de aves: gangas, pintadas, francolines y avutardas caen entre sus garras cuando levantan el vuelo o cuando vuelan hasta tres metros de altura, que él puede saltar. Incluso ataca a los avestruces cuando los sorprende tendidos en el suelo mordiéndoles rápido en la garganta.

Los antiguos egipcios esculpieron muchas veces la imagen del lince caracal y embalsamaron sus cuerpos, pero tampoco se tiene noticia de que lo domesticaran. El lince evita siempre que puede la proximidad del hombre, pero algunos individuos penetran en los corrales saltando las altas tapias y empalizadas y dando muerte a muchos animales domésticos. Generalmente saben burlar todas las trampas y asechanzas del hombre, por lo que su captura es siempre dificilísima.

 

Parece ser que ciertos grandes señores mantenían en Asia caracales junto con guepardos, utilizándolos en la caza y efectuando concursos que ganaba el que más animales conseguía matar, habiéndose llegado a las doce palomas antes de que levantarán el vuelo. Pero lo cierto es que el caracal africano nunca ha sido domesticado. Resulta difícil y peligroso tenerlos en jaulas porque se abalanzan con fiereza contra todo ser hombre o animal que se acerca a ellos.

Bongos y Okapis

 

Estos dos rumiantes africanos, pertenecientes a los antílopes el primero y ya los jiráfidos el segundo, comparten el hábitat de las densas masas selváticas, y son dos de sus más corpulentos habitantes. El bongo o boocerco (Taurotragus euryceros o Boocercus eurycercus) con 1,25 metros en la cruz y cuernos de un metro de longitud, en ambos sexos, listados, lisos y con las puntas amarillas, la piel castaño rojiza, con doce o catorce rayas verticales en los costados, que le permiten permanecer perfectamente invisibles entre los bosques de bambú que constituyen su hábitat, se alimentan exclusivamente de dos plantas distintas. Esto y su necesidad absoluta de agua para una limpieza total, restringen enormemente su área de dispersión y el número de individuos.

 

Por las mismas razones citadas con anterioridad, el bongo no puede sobrevivir cautivo. Aun siendo cazados jóvenes mueren a los pocos meses. Suelen vivir en grupos de 8 o 10 individuos como máximo, pero los grandes machos prefieren a menudo la soledad de los bosques. 

 

Los okapis siempre se encuentran solos o por parejas: macho y hembra o hembra y cría. Lo mismo que ocurre con las jirafas, no pueden saltar, ni levantarse sobre sus patas posteriores, y utilizan una larguísima lengua prensil para tomar la comida y para el constante y pulquérrimo aseo propio y de las crías. Los machos tienen dos pequeños cuernecillos dirigidos hacia atrás, cubiertos de piel excepto en la punta cornea, qué es aquello en qué se diferencian de las jirafas.

El okapi (okapia johnstoni) habitaba exclusivamente las espesísimas selvas comprendidas entre los ríos y Turi y Uele, en el Zaire, cerca de la frontera con Uganda, dónde son dificilísimos de ver en libertad, ya que tienen un oído extraordinariamente fino y a causa de su timidez se ocultan a la primera señal de alarma. El okapi no fue descubierto hasta el año 1901, y su nombre es el que le daban los pigmeos residentes en la misma zona.

 

El okapi es una especie practicamente extinguida, hay muy pocos i dividuos en libertad.

 

Pese a su asombrosa facilidad para ocultarse en la espesura, el okapi es relativamente fácil de cazar cuando se sabe encontrar sus huellas en el suelo, porque tiene la inveterada costumbre de recorrer siempre los mismos senderos. Excavando un hoyo suficiente y cubriéndolo de ramaje con habilidad se construye un “zemu”, como lo llaman los pigmeos, o trampa, en la que el okapi caerá a menos que lo descubra a tiempo. A menudo hay que excavar varios “zemu” en diversos senderos para conseguir que el okapi caiga en uno de ellos. Sacarlo vivo y sin que se escape ya es más difícil, porque el okapi arremete como un rayo con su dura frente… y no se olvide que es capaz de poner en fuga a un leopardo, único predador que puede molestarle.

¿Es fácil ver elefantes en la estepa y las selvas de África?

Elefantes y búfalos

 

Muchos animales, sobre todo herbívoros, se han especializado en la alimentación, en la carrera, en la ocultación, etc., adaptándose a un hábitat concreto de tal manera que muchas veces les es imposible vivir en otro ambiente. Elefantes y búfalos son los herbívoros más adaptables y solo ellos han colonizado tanto los espacios abiertos como los bosques y la selva. Únicamente se detienen ante el desierto, porque ambos tienen absoluta necesidad de agua. Claro que estas adaptaciones se han logrado por las modificaciones que imponen la falta de espacio, la escasez de pasto y otros imperativos de la selva.

 

Los elefantes de selva (Loxodonta africana cyclotis) son de menor estatura, tienen los colmillos más cortos, rectos y paralelos, las orejas más pequeñas y redondeadas, todo ello para facilitar la penetración en la selva y el ahorro de pastos.

 

Para el hombre y para muchos animales tiene un marcado interés la actividad de los elefantes en la selva. Cuando una manada avanza en fila india a través de la espesura con un gran macho abriendo brecha, rompiendo ramas y desgajando troncos, van dejando abiertos túneles en forma de galería. Como tiene por costumbre recorrer las mismas pistas con frecuencia, estás se ensanchan, el suelo se consolida y termina formando verdaderas carreteras en forma de túnel entre el follaje, que facilidad el desplazamiento a otros animales, y, por supuesto, al hombre, lo mismo al pigmeo, que al negro y el blanco. Por estas pistas entraron los primeros exploradores, y en la actualidad, varias carreteras que aparecen en los mapas uniendo entre si algunas poblaciones y por las que circulan camiones y automóviles, son simples pistas abiertas por los elefantes. El conductor y el indígena que las recorren tienen que tener cuidado de adaptarse y no obstaculizar el paso de una manada, porque las consecuencias podrían ser trágicas.

 

Existen también los elefantes enanos, de apenas dos metros de alzada, que durante mucho tiempo fueron catalogados como especies diferentes. Pero hoy prevalece el criterio de que se trata de la misma especie cyclotis, pero con razas locales de menor talla.

Búfalos de la selva

 

También los búfalos, propios de los espacios abiertos, han colonizado los bosques y las selvas más espesas, coincidiendo con los elefantes en el carácter de algunas de sus modificaciones adaptativas: menor tamaño y corpulencia que sus congéneres de sábana, cuernos de menor tamaño, dirigidos hacia atrás para facilitar la marcha a través de las espesuras, y cambio de color de la capa, que, de ser muy oscura, ha pasado en la selva a ser clara, o netamente rojiza. Lo mismo que a cerca de a los elefantes se discutió por un tiempo si se trata de una especie diferente o simplemente, distintas razas de una misma especie. Esto último parece lo más razonable.

¿Se ven leopardos durante un safari por Tanzania y Kenia?

El Leopardo

 

El leopardo, también conocido como pantera, se conjugan las condiciones innatas físicas e intelectivas propias de un buen cazador, incluso mejor que en el tigre o el león. Los naturalistas han dado al género de los grandes felinos el de este animal: así los nombres científicos del león el tigre, el puma y el jaguar, por ejemplo, son respectivamente Panthera leo, Panthera tigris, Panthera Puma y Panthera onca. El mismo leopardo se llama Panthera pardus. Más bello que cualquier otro por la armonía de sus formas y proporciones, la belleza de su piel a manchas circulares, la gracia y elasticidad movimientos: robusto, fuerte, ágil y ligero, maestro en su ocultación y el ataque por sorpresa, inteligente y astuto, magnífico trepador y buen nadador, un leopardo en movimiento es siempre un espectáculo admirable.

 

Ningún otro felino tiene tanta amplia distribución geográfica ni ha colonizado tan variados ambientes: casi toda África, gran parte de Asia, y en la isla de la Sonda; su forma melánica, la pantera negra; selvas, bosques abiertos, sabanas, estepas arbustivas, bordes del desierto y montañas hasta 3000 y 4000 metros de altitud constituyen su hábitat. Por supuesto, es el felino que cuenta todavía con más números efectivos.

 

El leopardo da caza a toda clase de animales, desde grandes ungulados, hasta ranas, lagartos y cangrejos pasando por facóceros, puercoespines, aves etc.: muchos de ellos suelen especializarse en algunas de las grandes presas que requieren técnicas determinadas. Pero el leopardo es, sobre todo, un gran matador de toda clase de monos, incluso gorilas, aunque algunos como los papiones, los mandriles y los chimpancés sean capaces de hacerle frente y, a veces, llegar a despedazarlo. Cada leopardo ópera en un amplio territorio, que recorre instalándose en su mismo punto durante varios días sucesivos. Se detiene con frecuencia para hojear y escuchar; su vista y su oído son más sensibles que su sulfato. Tras un matorral o entre las ramas de un árbol resulta perfectamente invisible, y se puede pasar a pocos metros sin sospechar su presencia. Por ello y por su agresividad natural han causado más víctimas entre los seres humanos, que los propios leones. Así mismo es más fácil que un leopardo se convierta en un maligno devorador de hombres.

 

El leopardo es uno de los animales que más cuesta ver. Una de las razones es que se mueve, casi exclusivamente, por la noche. Aún así, es frecuente poder ver algún ejemplar en los safaris privados por Tanzania y Kenia.

De costumbres solitarias, machos y hembras de leopardo solo se reúnen en parejas por el periodo de reproducción y crianza. Tras un periodo de gestación de 3 meses a 3 meses y medio, la hembra pare de 1 a 6 cachorros, de los que solo suelen vivir 1, 2 o quizás tres. El leopardo padre caza para él y para la hembra durante algunas semanas, mientras la madre cuida a los cachorros en el hueco de un árbol, al abrigo de un tronco caído o en una oquedad rocosa. Los amamanta durante tres meses, pero al segundo mes ya intentan atrapar saltamontes, ranas y otros bichejos. A los cinco ya pueden matar pequeños animales roedores, y otros parecidos. Entre el año y año y medio los jóvenes se separan de su madre.

 

El leopardo muestra evidente tendencia a eliminar cualquier competencia posible, dando muerte a otros carnívoros más pequeños, como chacales, gatos serbales, llenas, cachorros de leones, y muchos otros. Sus peores enemigos, aparte los leones y aves de presa que capturan sus cachorros, y además de las serpientes y a menudo los cocodrilos, son los cazadores que lo capturan con trampas. Pero a veces la matanza de leopardos es contraproducente, porque aumenta el número de facócero, monos y otros animales que constituyen verdaderas plagas en los cultivos.

 

Un animal de difusión tan amplia cuenta naturalmente con varias razas de diferente tamaño y variedades de color. Pero la más notable, que ha mantenido confusos a los naturalistas y ha hecho verter mucha tinta en discusiones, en su forma melánica, esto es, negra, que se prodiga sobre todo en las selvas, y más en las asiáticas que en las africanas. Antes se tenía por una especie diferente, pero se ha comprobado que es el mismo leopardo, con una particularidad hereditaria. No obstante, el dibujo anillado de la piel sigue apreciándose sobre esta misma.

Gato Serval

 

Así es llamado también el gato serval (Felix serval), uno de los felinos más comunes de toda el área africana, aunque no resulte abundante en ningún sitio. Típico habitante de los bosques no demasiado espesos y de las regiones anfractuosas y quebradas donde pueda encontrar buenos y numerosos escondites, y hallar un mínimo suficiente de agua. En las montañas se encuentra hasta los 2.000 metros de altitud.

 

Su forma es semejante a la del gato doméstico, pero más alto y corpulento: medio metro de altura en el hombro y metro y medio de longitud incluidos los 35 cm de cola. Proporcionalmente las patas resultan largas y la cola relativamente corta. La cabeza ancha, coronada por orejas anchas y altas, recortadas en la punta. El color del suave, corto y espeso pelaje suele variar poco de una subespecie a otras. Sobre un fondo amarillento u ocre aparecen dispuestas irregularmente numerosas manchas negras de distintos tamaños, a veces tan juntas que forman líneas más o menos largas. Las manchas de las patas y del cuello suelen ser de menor extensión. 

 

El gato serval pasa el día oculto en la espesura dónde es casi imposible de descubrir, y sale a la puesta del sol, mostrándose activo hasta el amanecer. Su visión, como la de la mayoría de los felinos es extraordinaria durante la noche, y le permite buscar las presas ocultas en la maleta. Está igualmente dotado de una gran agilidad para la carrera y el salto, y una notable habilidad para raptar, acechar, preparar, husmear y acercarse a sus víctimas sin ser visto.

Estas cualidades terminan convirtiendo al gato serval en un cazador casi inigualable en comparación a su tamaño. Pequeños antílopes libres y roedores suelen caer en sus garras con frecuencia; pero, como ocurre con el lince caracal, prefiere las aves terrestres, como las pintadas y avutardas. Aunque las primeras se refugian durante la noche en las ramas de los árboles, el gato serval, excelente trepador, la sigue y las mata. Como casi todos los gatos también gusta del pescado, y pesca a menudo en especial cuando los ríos llevan poca agua durante el estiaje.

 

A veces el gato serval se interna en los poblados devastando los gallineros, y, aunque no tan a menudo, mata corderos, cabras y otros animales domésticos. Tanta es su astucia que burla la vigilancia de los pastores aunque estos estén alerta. Por ello los indígenas le odian tanto y le dan caza con trampas, cepos y armas.

¿Dónde se pueden ver Gorilas en África?

Gorilas

 

El general cartaginés Hannon recorrió la costa africana hasta el Golfo de Guinea y trajo las primeras noticias de los gorilas. Solo que él los tomo por “hombres y mujeres de una raza salvaje cubiertos de pelo, que arañaban y mordían”. Capturaron tres hembras, pero tuvieron que matarlas en el barco y solo trajeron sus pieles. Por su fuerza descomunal y su aspecto salvaje, así como por vivir en selvas espesas donde siempre que se les encuentra es tropezando con ellos, se les ha tachado de coléricos y furibundos. Las últimas experiencias han probado su buen carácter y talante placentero. Solo se enfurece cuando se sienten amenazados por algún peligro, ellos o sus familias.

 

Y en verdad que el grito salvaje de un gorila enfurecido y golpeándose el pecho con los puños es aterrador. En las mismas espesísimas selvas dónde habitan los gorilas, viven también los representantes más pequeños y primitivos de la raza humana: los pigmeos. Estos temen enormemente al gorila, máxima encarnación de la fuerza bruta, y rehúyen siempre que pueden la proximidad de sus gigantescos vecinos. Pero a veces los encuentros se producen casualmente, o bien los pigmeos deciden abatir alguno de estos animales porque se ha convertido en demasiado peligroso para ellos, o por alguna otra causa. Entonces, ocultos o mientras huyen, van dejando clavadas en el suelo y entre el ramaje pequeñas lanzas con puntas en forma de arpón, envenenada y dirigidas hacia atrás, para que el gorila se las clave profundamente al perseguirlos. A veces la treta de resultado y el gorila muere, pero otras, aunque horriblemente herido, se las arrancan brutalmente y sobreviven, convirtiéndose en seres doblemente peligrosos.

Los gorilas pasan la mayor parte del tiempo en el suelo, caminando a cuatro patas. Los jóvenes aún trepan a las ramas, y se construyen nidos o plataformas para dormir en ellos. Pero los grandes machos, en especial los de espalda plateada, demasiado pesados para trepar y bien seguros de su fortaleza y seguridad, prefieren dormir sentados en el suelo y con la espalda apoyada en un recio tronco.

 

Cada grupo de gorilas está compuesto por varias hembras con sus hijos de diversas edades y uno o varios grandes machos, uno de los cuales ostenta la dirección del grupo. Los territorios de unos grupos se interfieren con los de otros, y cuando se encuentran dos grupos simplemente los grandes machos se ignoran mutuamente. Tampoco se pelean por las hembras y aceptan incluso la compañía de cualquier advenedizo ocasional. A menudo los hijos de cuatro o cinco años ayudan a su madre en el cuidado de un hermanito recién nacido. Hasta los 8 o 9 años, las hembras y machos tienen estatura y peso semejantes; a esa edad las hembras dejan de crecer, pero los machos siguen aumentando hasta doblarlas en peso. Con el tiempo, a los machos se les vuelve blanco el pelo de la espalda.

 

Es posible ver gorilas de montaña en el Parque Nacional Bwindi Impenetrable (Uganda) y el Parque Nacional de los Volcanes (Rwanda y Congo). Esta es una actividad muy controlada actualmente y el avistamiento está practicamente garantizado pues tienen a rangers todo el día siguiendo a los gorilas, también como medida de protección contra los cazadores furtivos.

 

No hay gorilas de montaña en Tanzania ni Kenia.

¿Dónde se pueden ver chimpancés en Tanzania?

Los Chimpancés

 

Los chimpancés son más perfectos que cualquier otro mono, tanto por su expresión y sus gestos, como por su morfología, su inteligencia, su capacidad artística, su comportamiento eminentemente social, y sus indudables sentimientos. Muchos naturalistas afirman que por todas estas y otras cualidades, los chimpancés están en una escala más superior que sus más próximos parientes simiescos. Habitan los bosques y selvas con abundancia de agua y de lluvias integrados en grupos normalmente de 4 a 15 individuos, a veces hasta 40, regidos blandamente por un macho viejo sabio y experto. Son muy tolerantes entre si; la posición de dominancia que crece con los años, y la experiencia de cada uno, carece de la agresividad de los papiones y otros monos. Las peleas entre ellos son rarísimas y de corta duración semejando más bien una danza guerrera sin golpes ni mordiscos. Para comunicarse, los chimpancés recurren tanto a la mímica, cuando están a la vista unos de otros, como a numerosas vocalizaciones que van desde una especie de silbido a gritos de diversa índole y duración.

 

Como seres más complejos, movidos más por la reflexión que por instinto, los jóvenes chimpancés tienen una infancia y una juventud muy dilatadas, durante las cuales tiene que aprender en compañía de su madre una serie de usos y costumbres, comportamiento social, conocimientos de los alimentos y de qué modo obtenerlos, es decir, un verdadero bagaje cultural sin el cual no sabría sobrevivir. Durante los primeros años de vida, y a veces en la edad adulta, los juegos tienen una gran importancia.

Las relaciones entre madre e hijo son muy estrechas durante los primeros años. Hasta los 7 meses aproximadamente la cría se deja llevar por su madre a la que se aferra bajo el pecho, mientras ésta corre y salta de rama en rama, aunque la cría ya pueda sostenerse aproximadamente desde los tres. A partir de los 7 meses se traslada a la espalda de su madre, y este mismo medio emplea para las largas marchas hasta los 2 o 3 años, mientras camina por sí mismo en los desplazamientos cortos.

 

El nombre de chimpancés es el que les daban los nativos de Guinea y significaba poco más o menos “hombrecillos del bosque”. Pasan gran parte del día proporcionándose abundante comida especialmente frutos, para obtener los cuales muchas veces saquean las plantaciones, aunque también comen hojas, tallos y brotes, termitas, larvas y otros insectos, y algunos, especialmente los de sábana, son parcialmente carnívoros, dando caza a otros monos de menor tamaño, recentales de gacelas, etc.

 

Los chimpancés en el suelo se mueven torpemente y casi siempre a cuatro patas o tres, solo se ponen en pie ocasionalmente. Pero en las ramas de los árboles se mueven con mucha soltura, caminando por las ramas saltando de unas a otras con la mayor seguridad. Al llegar la noche, cada individuo de más de un año de edad se construye un sencillo nido en las horquillas de las ramas para dormir. Solo las crías más pequeñas duermen en el mismo nido que sus madres.

 

Es posible ver chimpancés en los parques nacionales del sur de Tanzania; Mahale y Gombe Stream. También en Kibale Forest (Uganda).

¿Qué otros tipos de monos se ven en Tanzania y Kenia?

El Mandril, el señor del suelo

 

La selva africana es el paraíso de los monos. No se concibe la selva sin el griterío de las hordas de pequeños cercopitecos, los trinos y maullidos de los mesurados mangabeys, o los saltos y acrobacias de los tímidos colobos. Pero el más llamativo de todos es el mandril, con su rostro y sus callosidades isquiáticas pintadas de encendidos colores rojo azul y amarillo, y su temperamento agresivo y feroz. Simio guerrero de sabana al igual que los papiones, el mandril ha vuelto a la selva, cuna de los primates, pero no para volver a las ramas, sino para obtener su alimento a ras de tierra.

 

Los peores enemigos del mandril y, por supuesto, de todas las clases de monos, son el leopardo, la serpiente pitón y el águila coronada. Esta última es una verdadera especialista en la caza de monos, a quienes ataca con la rapidez del rayo, aplastándoles la cabeza con la terrible presión de sus garras, y remontando el vuelo con él instantáneamente. Pero nunca intentará vérselas con un mandril adulto, si no quizá con algún pequeño…

Los vivos colores del rostro y del trasero del mandril son como un semáforo viviente que avisa a todo el que lo ve, de frente o por la espalda, de que por allí pasa un ser extraordinariamente peligroso en cuyo caso es mejor no cruzarse. Porque, verdaderamente, los mandriles son los monos cinocéfalos (de cabeza de perro), más fuertes, valerosos y agresivos, incluso mucho más que los conocidos papiones de la sabana. Armado de largos y agudos caninos como puñales, pero dotados sobre todo de una formidable musculatura y una fulminante rapidez de reflejos, el mandril macho hace frente sin vacilar al leopardo, a menos que esté haya tenido la rarísima fortuna de sorprenderlo y destrozarle la garganta de un mordisco, lo que es dificilísimo. En la lucha, el leopardo llevará la peor parte, y si sale con vida, jamás olvidará la elección.

 

Los mandriles viven en pequeñas tribus de 10 o 12 individuos, mandadas por un gran macho, y que se mantienen unidos por la vista en los claros, o por casi constantes llamadas cuando la espesura les impide verse directamente. Los colores del rostro y de la parte posterior van apareciendo y aumentando conforme el macho joven va subiendo de categoría, hasta llegar al macho jefe y guardián. Son omnívoros y comen alimentos vegetales (tallos, raíces, frutos, etc.), y animales: caracoles, escarabajos y otros insectos, ranas, lagartijas, roedores y algunos otros pequeños mamíferos.

Papiones sagrados

 

Los hamadríades reciben también el nombre de papiones sagrados (Comopithecus hamadryas) porque los antiguos egipcios los identificaban con el Dios Luna, medidor de tiempo e inventor de la escritura: esculpían su imagen y los embalsamaban en posiciones naturales habiendo sido hallados a centenares en las tumbas reales. La leyenda cuenta como Alá para castigar la maldad de los habitantes de la ciudad de Aila los convirtió en hamadríades. Este animal sigue teniendo una gran importancia en el folclore africano. Morfológicamente se distingue sobre todo por los mechones de pelo que los grandes machos tienen a ambos lados de la cabeza y en forma de esclavina sobre los hombros. Los machos entablan feroces combates para mantener unidos sus harenes, de 6 o 8 hembras, y sus pequeños. De noche se instalan en los murallones rocosos.

 

Cercopitecos

 

El género cercopithecus engloba los simios africanos más graciosos, finos y ágiles; son también los más vivaces, sociales, activos y felices del mundo de los animales. no viven en familias sino en grupos, a veces muy numerosos, y los capitanea un viejo macho astuto y sagaz. Siempre en constante movimiento, gritan y se pelean entre sí, trepan, corretean y saltan entre los árboles. Con frecuencia atacan los cultivos destruyendo plantaciones enteras.

 

Cercopiteco de cara azul

 

Todavía no se conocen todas las especies de cercopithecus. Cada año se descubre alguna nueva, y es que la espesa selva africana es un medio poco apto para la observación y quizá oculta todavía algunas sorpresas. Cada banda de cercopitecos desenvuelve su vida en un territorio, más allá de cuyos límites jamás se aventuran sintiendo profundo terror a los lugares desconocidos. Cada especie a su vez desarrolla sus actividades entre dos límites mínimo y máximo de altura, para no competir entre sí. Los vivos colores de sus rostros y demás, tienen por finalidad el reconocimiento intraespecífico de machos y hembras.

 

Potos y Galápagos

 

Los prosimios, en otro tiempo catalogados entre los monos, forman un orden aparte, con cinco familias: tarsiformes, lorisiformes, lemuriformes, daubentonidos, que otros autores reúnen en tres solamente. Son animales arborícolas de colas largas o breves, órbitas oculares circulares, manos con dedos oponibles y provistos de uñas. Algunas familias son propias solo de Madagascar o de Asia Sudoriental. En la selva africana habitan los potos y los galápagos. Estos, una vez domesticados, son más simpáticos que cualquier mono, aunque no sean tan inteligentes. Animales nocturnos de visión agudísima y oído muy sensible, dan caza pequeños vertebrados e insectos, y comen también en frutas, yemas y hojas.

¿Qué serpientes se pueden ver en Tanzania y Kenia?

Las selvas tropicales ofrecen a multitud de serpientes condiciones ideales para su proliferación: escondites, clima y abundancia de presas. La Dasypeltis scaber traga enteros los huevos tres veces más gruesos que su cabeza, y después los quiebra y expulsa las cáscaras.

 

El Aspid de Egipto

 

Llamada también cobra de África (Naja haje) mide más de 2 metros; falta en la selva, pero se encuentra en las llanuras y montañas esteparias, desde el norte hasta Mozambique. Aunque destruye infinidad de roedores y otros animalillos dañinos, es tan venenosa y peligrosa para el hombre que éste la destruye justificadamente dondequiera que la encuentre. Posiblemente uno de estos áspides dio muerte a Cleopatra.

 

Serpiente verde arborícola

 

Las víboras arborícolas tienen un color verde para confundirse con el follaje de la selva, por lo que resultan dificilísimas de ver. Todas las serpientes se alimentan de animales que cazan necesariamente ellas mismas, y los tragan enteros, algunas, incluso todavía vivos.

 

La mamba negra

 

Las mangas verdes y negras (Dendroaspid jamesoni y Dendroaspid polylepis, respectivamente) son las serpientes más peligrosas del continente negro. Se desplazan a una gran velocidad, son terriblemente agresivas, y su veneno es extraordinariamente activo, por lo que su mordedura resulta casi siempre mortal.

Serpiente Pitón

 

La serpiente pitón reticulada (Python reticulata) con 9 m de longitud es la mayor representante de los ofidios. Habita en las selvas y bosques encharcados, pero también se aproxima a las viviendas y poblaciones humanas para robar animales domésticos, incluso perros. La deglución del pequeño antílope representa para ella una durísima prueba, pero le permitirá ayunar durante varias semanas.

 

Víbora del Gabón

 

La víbora silbadora del Gabón (Bitis gabonica) de 1,80 metros y dibujo abigarrado se confunde perfectamente con la hojarasca del suelo del bosque tropical dónde habitan. Sus colmillos de 5 cm de longitud inoculan profundamente un veneno mortal activísimo. Cuando están irritadas se hinchan y emite un silbido amenazador.

¿Se pueden ver camaleones en Tanzania y Kenia?

Camaleón africano

 

Los camaleones tienen el cuerpo alto y comprimido lateralmente, la cabeza alta y en forma de yelmo, los miembros delgados, a veces esqueléticos, terminados en manos únicas, como pequeñas tenazas, con los dedos en dos grupos, envueltos hasta las uñas en una piel común a cada grupo. La cola, larga o muy larga, es enrollable y prensil actuando muchas veces como una quinta mano para trepar. Aparte de estas características comunes a todos los camaleones, hay algunos con detalles aún más raros y extravagantes: el camaleón gallito posee una especie de cresta escamosa en el extremo del hocico; el camaleón unicornio tiene un cuerno recto en el hocico; el montano dos cuernos, y el llamado Jackson tres, uno en el hocico y dos en la frente, dirigiéndose hacia delante, y un camaleón del Camerún tiene cuatro. Pero el más raro de todos los camaleones es el Leandria perarmata, que presenta caracteres excepcionales, como una cresta occipital de borde dentado, puntas óseas horizontales en la región vertebral, y otras en los flancos. Solo se conoce un ejemplar que fue cazado vivo en Madagascar y cuyos restos se guardan en París.

 

“Chamaeleo dilepis”

 

Los camaleones son los más raros de los saurios, tanto por su forma y constitución anatómica originalísima, como por su comportamiento y género de vida, amén de otras cualidades como la de poder cambiar de color y mover los ojos independientemente en cualquier dirección. Se conoce un centenar de especies, desde 3 cm y medio a más de metro, la mayoría y más interesantes de las cuales se encuentran en Madagascar.

 

Esta es una característica única en el reino animal. Los camaleones pueden mover los ojos con absoluta independencia, de modo que mientras uno mira hacia delante o abajo el otro puede mirar arriba o atrás. 

Camaleón de Jackson

 

Característico de los bosques de África Oriental, este camaleón de aspecto monstruoso recuerda los gigantescos triceratops antediluvianos.

 

Aunque otros usuarios también pueden cambiar de color, ninguno lo hace tan ostensiblemente como los camaleones. Esta propiedad se debe a la presencia en las capas profundas de la piel de unas células especiales provistas de cromatóforos con pigmentos negros amarillos y rojos, que se dilatan, unos u otros, por los impulsos nerviosos que llegan hasta ellos, según el estado de salud, temperatura, irritabilidad u otras condiciones del camaleón.

 

Todos los camaleones son exclusivamente insectívoros. De movimientos pausados o lentísimos se acercan a los insectos y proyectan sobre ellos con una rapidez fulminante su larguísima lengua en forma de clavo, más ancha por su extremo y recubierta de una secreción viscosa en la que se quedan pegados los insectos, engulléndolos con tal rapidez que la vista apenas puede seguir su movimiento.

¿Qué aves es posible ver durante un viaje de safari por Tanzania y Kenia?

Calao de Decken

 

Los calaos se reconocen fácilmente por sus picos voluminosos y ligeros, a menudo con excrecencias en forma de cascos o cimeras. Lo más notable de estas aves es su forma de nidificación. El macho empareda a la hembra con uno o dos huevos en el hueco de un árbol y la alimentan mientras dura su incubación, a ella y a los polluelos que nacen, durante su primera infancia, quedando agotado y enflaquecido.

 

Calaos piquirrojo y piquigualdo

 

Son dos especies de pequeño tamaño, llamados “tok” por los nativos a causa del ruido que producen. Muestran predilección por los baobabs y rara vez descienden al suelo. Con sus largos picos arrojan sus presas al aire para tragarlas.

 

Calao terrícola

 

Aunque están mal dotados para caminar, algunas especies de calaos buscan su alimento con preferencia en el suelo, devorando innumerables roedores y reptiles. Son tan beneficiosos que se encuentran domesticados en muchos poblados etíopes.

Pintada mitrada

 

Las pintadas son llamadas también gallinas de Guinea. Aves poco voladoras, habitan en sábanas, estepas arbustivas y bosques no muy densos, formando bandadas que, en ocasiones, reúnen más de 1.000 aves.

 

Pintada vulturina

 

Durante el día las pintadas recorren varios kilómetros buscando bayas, brotes, semillas, babosas, lombrices y otros pequeños invertebrados. Para beber se acercan al agua por riguroso orden, de una en una. Incuban sus huevos en cualquier depresión del terreno y los pollitos, apenas nacen, pueden seguir a su madre. Mal dotadas para el vuelo, escapan corriendo si un peligro les amenaza, y solo levanten el vuelo, corto y torpe, si persiste el peligro.

La Tórtola

 

El amoroso arrullo de estas columbiformes constituye el fondo sonoro de cada mañana en la estepa arbustiva africana. Diversas especies de tórtolas habitan casi todo el continente negro, y algunas llegan todos los años en sus migraciones hasta Europa Central. Construyen sus nidos en los arbustos espinosos y ambos conyugues incuban los huevos de color crema durante dos semanas y alimentan a los pichones con una secreción formada en su buche y llamada “leche de paloma”.

Los tejedores

 

Los bulliciosos “tejedores” africanos, parientes de nuestro popular gorrión, construyen sus nidos con gran habilidad entretejiendo cuidadosamente fibras vegetales. Los “republicanos” agrupan varios centenares de nidos (ochocientos o más), bajo un techo común en forma de cabañas de 2 metros de diámetro con entradas por estrechos callejones aéreos que tienen por objeto dificultar el paso de las serpientes comedoras de huevos. El peso de tales nidos rompe a veces las ramas de los árboles. El tejedor de frente roja cuelga numerosos nidos adicionales en forma de retorta para dificultar la búsqueda de las serpientes.

 

El tejedor de fuego

 

Llamado así por su bonito color rojo vivo no hace su esmerado nido entre las ramas, sino entre las hierbas o los matorrales bajos para ocultarlo. Sus paredes son tan sutiles y transparentes que a través de ellas se ven los huevos en su interior. Prefiere permanecer cerca de los campos cultivados y cuando los pequeños aprenden a volar causan enormes destrozos.

La Quelea

 

Aún son más perniciosas las invasiones de queleas en la agricultura. Millones de individuos forman bandadas que cubren el sol y se abaten sobre las zonas cultivadas cómo plaga de langosta que acaba con todo. Las medidas adoptadas por los gobiernos contra su proliferación no han daba ningún resultado positivo.

Estorninos soberbios

 

El estornino soberbio y el metálico o de color acero son los más abundantes de África. Viven en parejas y nidifican entre los matorrales espinosos; pasando la época del celo, se reúnen formando bandadas más o menos numerosas. Pasan gran parte de su existencia en el suelo, alimentándose sobre todo de insectos y demostrando una gran vitalidad. Pero cuando también atacan a los frutales y las gramíneas, se les considera altamente perjudiciales.

La viuda del paraíso

 

Para atraer a la hembra durante el desfile nupcial, el macho de esta ave, que ostentan largas plumas de color azul, danza dando vueltas y saltos en torno a una construcción de hierbas levantada el en el centro de una pista de 1 metro de diámetro.

 

El Francolín

 

A la salida del sol los francolines se llaman unos a otros gritando rítmicamente, subidos en termiteros, troncos o rocas. Sin ser tímidos son muy prudentes, pero cuando huyen lo hacen alternando carreras y vuelos silenciosos y rectilíneos, lo que los convierte en blanco fácil para cualquier cazador, razón por la cual han desaparecido del sur de Europa, donde antes eran relativamente abundantes.

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